Carretero abandona Esquerra y Fenoll es expulsado del Consell de la República por apoyar a la formación de Sílvia Orriols, que lidera el debate sobre nacionalidad y migración
Sílvia Orrios consolida su ascenso en el soberanismo catalán con un discurso que prioriza la migración sobre la independencia, arrastrando a figuras clave como Joan Carretero —exconcejales de Ezquerra— y generando fracturas en Junts y ERC. Tras la Diada, su formación, Alianza Catalana, se posiciona como alternativa radical al tradicional independentismo, proponiendo restricciones a la nacionalidad para inmigrantes y ciudadanos españoles.
El giro de Orrios —que defiende declarar unilateralmente la secesión y, en el vacío legal que generaría, limitar derechos— ha forzado a Junts y ERC a imitar su discurso. Junts vincula ahora la nacionalidad catalana al dominio del idioma, mientras ERC, por boca de su número dos, Alamán, acusa a la inmigración de un «gran reemplazo» en Barcelona, usando colmados regentados por paquistaníes como símbolo. Sin embargo, los sondeos reflejan que ninguna formación logra el mismo impacto que Orrios, cuya estrategia conecta con el descontento por la gestión de la migración.
El descontento interno es palpable: Àlex Fenoll, histórico de Junts y exmiembro del Consell de la República —plataforma paralela de Puigdemont—, fue expulsado esta semana por apoyar a Alianza. Fenoll advirtió que «la discrepancia política no debe convertir a los catalanes en enemigos», una crítica velada a la beligerancia de Junts. Mientras, Carretero, exconcejales de Maragall y líder de Reagrupament.cat, anunció su apoyo a Orrios tras la Diada: «Los gritos de judía [a Orrios] y el tirón de un moro que me quería robar la cadena me tocaron los cojones», declaró en X.
El declive de Junts —con Puigdemont en Waterloo y Laura Borràs como líder mediática pero sin hoja de ruta clara— y la rigidez de Ezquerra —asociada a un gradualismo que no ilusiona— dejan a Orrios como la única fuerza que capitaliza el malestar. Su éxito, sin embargo, expone la crisis del soberanismo tradicional: sin liderazgo visible, sin logros tangibles y con un electorado cada vez más escéptico ante promesas incumplidas.
El debate sobre nacionalidad y migración, antes secundario, se ha convertido en el eje central. Mientras Italia frena la oficialidad del catalán en la UE —culpando a Yolanda Díaz—, Junts y ERC intentan sin éxito copiar el discurso de Orrios. La pregunta es si bastará para frenar su ascenso o si el soberanismo ha encontrado, por fin, un nuevo relato.







