El ejercicio *Phoenix Express 2026* integra tecnología avanzada y 14 países, incluyendo a Marruecos, en plena tensión por el asalto a Ceuta
La Armada Española participa desde este 7 de septiembre en el ejercicio militar *Phoenix Express 2026*, organizado por la Armada tunecina bajo el liderazgo de la Sexta Flota de Estados Unidos y el Mando África de EE.UU. (AFRICOM). Las maniobras, que se desarrollan hasta el 18 de septiembre en la base naval de La Goulette (Túnez), reúnen a 14 países —entre ellos Marruecos, en medio de la polémica por el asalto masivo a Ceuta— para mejorar la cooperación en seguridad marítima en el Mediterráneo y el norte de África.
El objetivo central es compartir información en tiempo real entre las fuerzas participantes —incluyendo sistemas avanzados como vehículos no tripulados— para detectar actividades ilegales, como tráfico de migrantes o comercio ilícito. Según la documentación oficial de la Sexta Flota, el ejercicio busca «disuadir amenazas a la libertad de navegación», un mensaje clave en una región donde el control de las rutas marítimas es estratégico para Europa y África.
¿Por qué importa este ejercicio ahora? La participación española adquiere relevancia por dos motivos concretos: primero, porque el Mediterráneo occidental —zona de operaciones— es una de las rutas principales de migración irregular hacia España y la UE. Segundo, porque Marruecos forma parte del dispositivo, en un contexto de máxima tensión tras el asalto del 24 de mayo a Ceuta, que dejó más de 20.000 personas cruzando la valla fronteriza en menos de 24 horas. Aunque la Armada Española no ha detallado su nivel de implicación, su presencia refuerza la cooperación con países como Túnez —clave en la ruta migratoria— y con EE.UU., que ha intensificado su presencia militar en la región desde 2020.
Tecnología y escenarios de crisis: el nuevo enfoque del *Phoenix Express*
Este año, el ejercicio incorpora por primera vez sistemas de vigilancia no tripulados, como el vehículo de superficie Lightfish —probado en Bizerta (Túnez)— para ampliar la capacidad de seguimiento sin depender de buques tripulados. La Sexta Flota destaca que estas herramientas permiten «obtener una imagen operativa común» a partir de datos compartidos, un avance técnico que podría aplicarse a la gestión de crisis como la de Ceuta.
Además, las maniobras simulan escenarios de búsqueda y rescate, abordajes de buques sospechosos y coordinación entre centros de operaciones. El vicealmirante J.T. Anderson, comandante de la Sexta Flota, subrayó que el ejercicio combina «tecnologías marítimas de vanguardia» con la preparación de las fuerzas participantes para «proteger las rutas comerciales», un mensaje directo a países como Argelia o Libia, donde la inestabilidad afecta al tráfico en el Mediterráneo.
La inclusión de Marruecos en el dispositivo —a pesar de la crisis diplomática con España— refleja la apuesta de EE.UU. por mantener canales de diálogo incluso con socios conflictivos. Según fuentes de la Armada estadounidense, la participación marroquí se centra en ejercicios de seguridad portuaria, un área donde Rabat y Washington han colaborado históricamente, aunque sin mencionar explícitamente la crisis migratoria.
Antecedentes: *Phoenix Express* como herramienta de influencia de EE.UU. en África
El ejercicio se celebra desde 2004, cuando Túnez —bajo el régimen de Zine El Avidina Ben Ali— firmó un acuerdo de cooperación militar con EE.UU.. Desde entonces, ha servido como plataforma para fortalecer la presencia estadounidense en el norte de África, especialmente tras la Primavera Árabe (2011), cuando países como Libia o Egipto entraron en crisis.
En los últimos años, el ejercicio ha ampliado su alcance: en 2023, incluyó por primera vez a Turquía y Arabia Saudí, países con intereses geopolíticos distintos pero compartidos en la seguridad del canal de Suez y el Estrecho de Bab el-Mandeb. La participación de España, aunque constante, ha variado en intensidad: en 2022, por ejemplo, la Armada envió un buque de asalto anfibio (L-51), mientras que en ediciones anteriores se limitó a observadores.
El embajador de EE.UU. en Túnez, Bill Bazzi, recordó durante la apertura que el ejercicio se enmarca en una relación bilateral que data del Tratado de Paz y Amistad de 1797, aunque hoy su enfoque es claramente práctico: «Garantizar que las rutas marítimas del Mediterráneo permanezcan seguras», dijo, evitando cualquier mención a la crisis migratoria. Sin embargo, la presencia de Marruecos —país con el que España mantiene tensiones por Ceuta— añade un matiz político al ejercicio técnico.
¿Qué se juega cada actor?
España gana visibilidad en un escenario donde su influencia militar es limitada fuera de la OTAN. La participación en *Phoenix Express* le permite coordinar con Francia —otro país clave en la seguridad del Mediterráneo— y con EE.UU., socio estratégico en materia de defensa. Además, refuerza el discurso del Gobierno sobre la necesidad de cooperación internacional para gestionar la migración irregular, un tema que podría escalar en las próximas semanas si se repiten asaltos como el de Ceuta.
EE.UU., por su parte, usa el ejercicio para consolidar su liderazgo en seguridad marítima en África, una región donde compite con China —presente en puertos como Djibouti— y con Rusia, que mantiene bases en Libia. La inclusión de Marruecos, aunque simbólica, envía un mensaje a Argelia —aliado de Moscú— sobre los límites de su influencia en la región.
Marruecos aprovecha el ejercicio para mostrar su capacidad operativa sin romper el diálogo con EE.UU., clave para recibir ayuda militar y económica. Su participación se centra en seguridad portuaria, un área donde Rabat ha invertido en los últimos años, pero evita cualquier mención a la crisis de Ceuta. Túnez, por su parte, usa el evento para proyectar estabilidad y atraer inversiones extranjeras, un objetivo clave tras la caída del régimen de Ben Ali.
Para la UE, el ejercicio es una oportunidad para coordinar con EE.UU. en un tema crítico: el control de las rutas migratorias. Aunque Bruselas no participa directamente, países como Italia o Malta —frente a las principales rutas— han mostrado interés en los resultados de *Phoenix Express* para replicar sus métodos en el Mediterráneo central.
En el caso de España, la participación en el ejercicio podría tener repercusiones políticas internas. El PP y Vox podrían criticar la falta de un enfoque más duro contra Marruecos, mientras que el PSOE y Sumar podrían argumentar que la cooperación militar es necesaria para gestionar la migración. Hasta ahora, el Gobierno no ha vinculado públicamente el ejercicio con la crisis de Ceuta, pero la presencia marroquí en el dispositivo añade un elemento de tensión al debate.
El ejército español no ha detallado qué unidades participan ni qué recursos despliega, pero fuentes consultadas por El Debate confirman que la implicación es «moderada», centrada en observación y coordinación con la OTAN. La decisión de participar refleja la apuesta del Gobierno por mantener canales abiertos con EE.UU. y Marruecos, incluso en momentos de alta tensión.







