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Islandia rechaza reabrir negociaciones con la UE en un referéndum histórico

Islandia rechaza reabrir negociaciones con la UE en un referéndum histórico
Wikimedia Commons (Kristrún Mjöll Frostadóttir)
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El 52,8% de los votantes islandeses vota en contra, con solo Reikiavik apoyando la adhesión, mientras el sector pesquero pesa más que la geopolítica

Islandia ha dicho no a la Unión Europea en un referéndum celebrado el sábado 30 de agosto de 2026, con el 52,8 % de los votantes rechazando reabrir las negociaciones de adhesión. El resultado, con 118.040 votos en contra frente a 105.399 a favor y una participación del 82,5 %, refleja una división geográfica clara: solo las dos circunscripciones de Reikiavik respaldaron la propuesta oficialista, mientras que la periferia de la capital, la costa y el interior del país votaron mayoritariamente en contra.

La consulta, adelantada desde 2027 por la primera ministra socialdemócrata Kristrún Frostadóttir, respondía a una promesa del partido liberal Viðreisn, integrante de la coalición de gobierno. El impulso inicial surgió cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, insistió en la compra de Groenlandia, presentando la adhesión a la UE como un posible refugio geopolítico. Sin embargo, el sector pesquero, clave para la economía islandesa, terminó decantando el resultado.

El sector pesquero representa en torno al 40 % de las exportaciones de bienes del país y cerca del 8 % de su PIB. Los partidarios del «no» advirtieron durante la campaña que la adhesión a la UE sometería las aguas islandesas a la Política Pesquera Común, donde las cuotas y los accesos se deciden de manera conjunta entre los Estados miembros. Frostadóttir, tras asumir el resultado, reconoció que la pesca es para los islandeses «una cuestión emocional».

El precedente noruego: dos rechazos en medio siglo

Islandia no es el primer país nórdico en rechazar la adhesión a la UE. Noruega, su vecino más cercano en términos geopolíticos y económicos, ya lo hizo en dos ocasiones. La primera vez fue el 25 de septiembre de 1972, cuando el 53,5 % de los noruegos votó en contra, lo que llevó a la dimisión del primer ministro laborista Trygve Bratteli, que había liderado la campaña por el «sí». La segunda oportunidad llegó el 28 de noviembre de 1994, con un nuevo rechazo del 52,2 % y una participación del 88,6 %. En ambos casos, la alianza entre pescadores, agricultores y las regiones periféricas del norte se impuso al establishment de Oslo.

El camino islandés hacia la UE ha sido más breve pero igualmente abrupto. El Gobierno islandés solicitó formalmente el ingreso en julio de 2009, en plena crisis financiera tras el hundimiento de su sistema bancario. Las negociaciones comenzaron en 2010, pero un Gobierno de centroderecha las suspendió en 2013. Dos años después, en 2015, Reikiavik comunicó a Bruselas que ya no deseaba ser tratada como candidata, cerrando temporalmente el proceso.

El Espacio Económico Europeo: integración sin representación

A pesar de su rechazo a la adhesión, tanto Islandia como Noruega forman parte del Espacio Económico Europeo (EEE), en vigor desde enero de 1994. Este acuerdo extiende el mercado único de la UE a ambos países, así como a Liechtenstein, garantizando la libre circulación de mercancías, servicios, capitales y personas. Sin embargo, ninguna de las normas incorporadas al EEE —cerca de nueve mil actos jurídicos según la base de datos EEA-Lex— es decidida por representantes elegidos por estos tres países.

El EEE incluye un mecanismo de reserva que permite a los Estados miembros rechazar normas consideradas inaceptables. Noruega lo ha utilizado formalmente en una ocasión, en 2011, contra la tercera directiva postal, aunque lo retiró en 2013 bajo la presión de la Comisión Europea, que puede suspender el acceso al mercado en el sector afectado. A pesar de no tener voz en la elaboración de las normas, ambos países contribuyen económicamente: entre 2021 y 2028, Noruega, Islandia y Liechtenstein transfieren 3.268 millones de euros a quince Estados miembros menos prósperos de la UE, siendo Noruega responsable de aproximadamente el 97 % de esta cantidad.

La soberanía del mar y el fondo soberano noruego

Para Islandia y Noruega, el mar no es solo una fuente de riqueza, sino un símbolo de soberanía. Entre 1958 y 1976, Islandia libró tres «guerras del bacalao» contra la Royal Navy británica para extender sus aguas territoriales hasta las 200 millas, lográndolo sin contar con un ejército convencional. Ceder el control de las cuotas pesqueras a Bruselas equivaldría, para muchos islandeses, a renunciar a una victoria histórica. Noruega, por su parte, cuenta con uno de los fondos soberanos más grandes del mundo, valorado a finales de junio de 2026 en 22,68 billones de coronas noruegas, unos 2,07 billones de euros.

Ambos países, a pesar de su rechazo a la adhesión, mantienen una estrecha colaboración con la UE en otros ámbitos. Son miembros de la OTAN, del espacio Schengen y, como se ha mencionado, del mercado único. Lo que sus ciudadanos han rechazado no es la cooperación económica, sino una unión política que perciben como más burocrática que beneficiosa para su bienestar.

El impacto en la ampliación de la UE

El resultado del referéndum islandés tiene implicaciones para el futuro de la ampliación de la UE. Varios representantes de la diplomacia comunitaria han expresado en los últimos días su confianza en que la incorporación de un socio próspero y fácil de asimilar, como Islandia, podría facilitar la venta de la ampliación a las poblaciones escépticas de otros países candidatos. Sin embargo, la percepción en Bruselas es que la lista de espera para la adhesión está en gran medida controlada por la Comisión Europea, que decide quién entra y cuándo.

El caso islandés no es aislado. A lo largo de la historia, varios países europeos han rechazado en referéndum tratados o acuerdos de integración. En 1992, los suizos votaron en contra del Espacio Económico Europeo. Dinamarca rechazó en primera votación el Tratado de Maastricht; Irlanda, los tratados de Niza y Lisboa, y Francia y los Países Bajos, la Constitución europea. Más recientemente, en 2016, el Reino Unido decidió abandonar la UE en el referéndum del Brexit. Incluso Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, se retiró de la UE en 1985, precisamente por desavenencias en materia pesquera.

El referéndum islandés de 2026 refuerza así un patrón histórico: cuando se trata de ceder soberanía en áreas clave como la pesca, los ciudadanos de países con una fuerte tradición marinera y económica prefieren mantener el control, incluso a costa de quedarse fuera de estructuras políticas más amplias.

Fuente: El Debate (Internacional)

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