El ministro del Interior acusa al PP y Vox de incitar al odio y defiende la colaboración con Marruecos
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha cifrado este viernes en 72.000 las entradas de migrantes en Ceuta durante el pasado julio, una cifra que sitúa el foco en la dimensión sin precedentes de la crisis migratoria en la ciudad autónoma. Durante su comparecencia en la comisión de Interior del Congreso, Marlaska ha instado a la calma y al cese de la violencia, subrayando que «la violencia no es camino alguno» para resolver la situación.
El titular de Interior ha defendido la colaboración con Marruecos, país que, según sus datos, evitó 2.857 entradas irregulares y facilitó el retorno de la «gran mayoría» de los migrantes en pocas horas. Marlaska ha destacado que, entre el 1 y el 29 de julio, se registraron 1.026 entradas a nado, una cifra similar a la de otros años, y ha atribuido el aumento a factores estructurales como las diferencias económicas entre países y la actuación de las mafias, agravados por la sentencia del Tribunal Supremo del 8 de julio que prohibió las devoluciones en caliente.
El ministro ha anunciado medidas estructurales para proteger las fronteras de Ceuta y Melilla, como el alargamiento de los espigones de El Tarayal y Benz, la instalación de un sistema permanente de contención marítima con boyas fondeadas y la creación de un Centro de Atención Temporal de Extranjeros para 800 personas. Además, ha garantizado el acceso a la protección internacional para quienes la soliciten y cumplan los requisitos legales, mientras se gestionan los retornos de quienes no reúnan las condiciones para permanecer en España.
La intervención de Marlaska ha reabierto el debate político sobre el papel de Marruecos. El PP y Vox han calificado lo ocurrido como una «invasión» y han acusado al Gobierno de connivencia con el país alauita, mientras que Sumar ha responsabilizado a Marruecos, Estados Unidos e Israel. ERC, Junts per Cataluña, Bildu y el PNV también han criticado la calificación de Marruecos como «socio leal», reflejando la fractura entre el Ejecutivo y la oposición, así como con sus propios aliados.
Fuente: La Vanguardia







