El informe de Seguridad Nacional de mayo alertaba sobre infiltración de terroristas en flujos migratorios desde el Sahel, donde Mali y Níger son nodos clave
La Guardia Civil monitoriza desde hace más de una semana a varios inmigrantes que accedieron a Ceuta durante la avalancha del 30 de julio, en la que 72.000 personas cruzaron la frontera según estimaciones del Ministerio del Interior. Fuentes del instituto armado revelan que estos individuos, que aprovecharon el colapso de la valla para entrar irregularmente, están bajo vigilancia por sospechas de vínculos con el extremismo islamista y delitos graves.
El suceso ha reavivado las alertas del informe anual de Seguridad Nacional, publicado en mayo, que advertía sobre la posible llegada de terroristas yihadistas a España dentro de los flujos migratorios irregulares desde el Sahel. El documento, con datos de 2025, señalaba que la inestabilidad política y la proliferación de grupos yihadistas en esa región —especialmente en Mali y Níger— actúan como motor de los desplazamientos hacia Europa. Aunque el Gobierno asegura que la mayoría de los inmigrantes regresaron a sus países de origen, fuentes policiales cifran en más de 6.000 los que aún permanecen en la zona, donde se han multiplicado los episodios violentos, incluyendo tiroteos y agresiones sexuales.
La situación ha desbordado a las fuerzas de seguridad, que deben gestionar además los trámites administrativos de acogida de menores y peticiones de protección internacional. «La Policía está totalmente desbordada. Necesitamos ayuda urgente», declararon fuentes policiales. El Ministerio del Interior anunció el viernes el despliegue de más antidisturbios ante la previsión de otra oleada migratoria convocada a través de redes sociales, mientras la inteligencia policial centra sus esfuerzos en evaluar la posible brecha de seguridad generada por el masivo cruce fronterizo.
El informe de Seguridad Nacional subraya que la mayoría de los flujos migratorios hacia España —exceptuando los procedentes del Magreb— transitan por Mali y Níger, países donde la violencia y el deterioro institucional han provocado un aumento de refugiados. En Mauritania, por ejemplo, se concentran ya 380.000 nacionales del Sahel y 153.000 refugiados malienses en el campamento de M’Berra. El documento también alerta sobre el riesgo de que actores externos, como grupos terroristas o Estados, instrumentalicen estos flujos para infiltrar combatientes, aunque matiza que, hasta ahora, la pertenencia a grupos yihadistas en el Sahel suele responder más a necesidades de subsistencia que a una ideología consolidada.
La crisis en Ceuta ha puesto en entredicho las líneas de actuación prioritarias del Gobierno, como la cooperación con países de origen y tránsito o el control fronterizo. Mientras, la tensión en los barrios periféricos de la ciudad autónoma persiste, con un aumento de la inseguridad que ha llevado a las autoridades a reforzar la presencia policial.
Fuente: The Objective







