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El Sinn Féin, el SNP y Plaid Cymru firman en Cardiff un pacto por la autodeterminación

El Sinn Féin, el SNP y Plaid Cymru firman en Cardiff un pacto por la autodeterminación
Wikimedia Commons (Michelle O'Neill)
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El memorando de entendimiento, sin referéndums ni fechas, reclama a Londres que facilite el cambio constitucional en Escocia, Gales e Irlanda del Norte

El lunes quedó rubricado el pacto de Cardiff. Lo firmaron la ministra principal de Irlanda del Norte y vicepresidenta del Sinn Féin, Michelle O’Neill; el ministro principal de Escocia y líder del SNP, John Swinney; y el ministro principal de Gales y líder de Plaid Cymru, Rhun ap Iorwerth. El texto es un memorando de entendimiento (MOU), la fórmula que se usa cuando no hay acuerdo posible sobre algo más vinculante. No obliga a nadie y no fija fechas. Proclama que «el tiempo de Westminster llega a su fin».

Por primera vez desde la autonomía de 1999, los tres ministros principales son nacionalistas. El laborismo, que diseñó la autonomía para frenar los movimientos separatistas, perdió en mayo sus dos feudos, Escocia y Gales. Allí se quedó con nueve de 96 diputados, su peor resultado en más de un siglo. Reform UK, el partido de Nigel Farage, es hoy segundo en ambos territorios.

Qué dice y qué omite el memorando

En poco más de quinientas palabras, el MOU proclama el «derecho a la autodeterminación». Defiende que ningún Gobierno de Westminster puede «bloquear la democracia». Compromete a los firmantes a cooperar en economía, energía renovable propia y en reparar el daño del Brexit, porque «Europa es nuestra casa común». Solo recoge una exigencia concreta: que Londres «prepare, planifique y facilite el cambio constitucional en cada jurisdicción».

La brevedad no reduce la importancia del acuerdo. Alude a las «historias, identidades y tradiciones políticas distintas» de las tres naciones. Señala que «por primera vez» sus tres ministros principales «están comprometidos con la independencia del Reino Unido». Avisa de que «el impulso está detrás de nuestros movimientos» y de que «el cambio constitucional está llegando».

Algunas palabras de apariencia inofensiva dicen más que las contundentes. El texto usa «estas islas», nunca las británicas. También «el Norte de Irlanda», la fórmula republicana para no nombrar Irlanda del Norte.

En un documento firmado para reclamar consultas, la palabra «referéndum» no aparece ni una vez. No hay fechas ni compromiso vinculante. Sí hay una cláusula de salvaguarda: cada nación decidirá «a su manera y en su propio momento».

Tres independentismos que no son el mismo

Las tres partes aspiran a la disolución del Reino Unido, pero no comparten la fórmula. El SNP y Plaid quieren separarse de un Estado. El Sinn Féin busca sumarse a otro. Ni siquiera la independencia galesa se parece a la escocesa. «Nunca he estado interesado en la ruptura del Reino Unido, sino en desarrollar competencias», dijo Ap Iorwerth. Solo un 26 % de los galeses apoya la independencia.

Tras la firma, John Swinney proclamó que el primer ministro británico, Andy Burnham, será «el último primer ministro del Reino Unido». Reclamó una nueva consulta de autodeterminación antes de 2031, aunque las encuestas no acompañan. YouGov otorga un 56-44 a favor del «no» en Escocia, doce años después del 55-45 de 2014. Life and Times da un 45-36 en Irlanda del Norte.

Mary Lou McDonald, presidenta del Sinn Féin y líder de la oposición en Dublín, sostuvo que «los referéndums van a llegar». El taoiseach (jefe de Gobierno de la República), Micheál Martin, acusa a los herederos del IRA de vivir en los años setenta.

Por qué la firma irlandesa cambia el pleito

Porque, por primera vez, firma Irlanda. El Sinn Féin es la marca política del IRA convertida en primer partido de Irlanda del Norte. Su causa tiene un tratado internacional que le fija el camino, el Acuerdo de Viernes Santo, y un padrino en Washington desde 1998. Con ella, el pleito deja de ser interno británico para volverse angloirlandés y, por tanto, europeo y transatlántico. De las tres causas, la única con un Estado detrás y un mecanismo escrito es la irlandesa.

El modelo irlandés se exporta. El miércoles pasado, en los Comunes, Burnham dijo que Escocia debía estar «exactamente en la misma situación» que Irlanda del Norte. Allí, el Acuerdo de 1998 obliga a Londres a convocar un border poll cuando parezca «probable» una mayoría por la unidad. Rectificó por carta, pero Swinney ya había tomado nota. Un primer ministro británico aceptaba, «por primera vez desde 2014», el principio de autodeterminación. Que ese mecanismo valga también para Edimburgo y Cardiff es lo que el memorando pide a Londres «en cada jurisdicción».

El respaldo de Trump y el calendario que viene

El pasado sábado, en Dublín, junto a Martin, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que «le encantaría ver» a Irlanda unificada y que «tarde o temprano sucederá». El domingo, en Doonbeg, redobló la apuesta: unir las dos partes de la isla sería «una de las cosas más naturales de todos los tiempos». A las objeciones de Downing Street respondió que «todo el mundo dice eso, y luego las cosas pasan». Nadie recuerda a un presidente de Estados Unidos tan explícito, ni siquiera John Fitzgerald Kennedy, que en 1963 rehusó mencionar la doble soberanía de la isla pese a que Dublín se lo pidió.

Preguntado también por Escocia, el hijo de una emigrante de la isla de Lewis prefirió dejarlo «para otro día». Ante las palabras del inquilino de la Casa Blanca, Kemi Badenoch, líder del Partido Conservador y de la oposición, le ha reprochado «disparar desde la cadera, como de costumbre», como «con Groenlandia y Canadá». Robert Jenrick, de Reform UK, le ha acusado de estar «completamente equivocado». Downing Street se ha limitado a repetir que Burnham cumplirá el Acuerdo de Viernes Santo «al cien por cien» y que no tiene constancia de «apoyo mayoritario» a una consulta.

El memorando cambia el relato, pero no modifica gran cosa en lo legal. El Tribunal Supremo británico sentenció en 2022 que Holyrood, el Parlamento escocés, no puede convocar un referéndum sin permiso de Westminster. Burnham ha dejado por escrito que no lo permitirá porque «desviaría el foco» del coste de la vida. El primer ministro se encontrará con los tres líderes en octubre, en una cumbre con los gobiernos autónomos que él mismo convocó. Sobre la mesa estarán las exigencias galesas de más competencias.

En Irlanda, el calendario lo marcan las elecciones de mayo de 2027 a Stormont, la Asamblea de Irlanda del Norte. También la reunión de Martin con Burnham a finales de mes para reformar el Acuerdo de 1998. Martin pide «una conversación» para «desentrañar» en qué circunstancias se convocaría el border poll. Es el mismo debate que Burnham abrió «sin querer» en la Cámara de los Comunes. Swinney vaticina que será el último primer ministro del Reino Unido. De momento es el séptimo desde el Brexit. Que se cumpla el vaticinio dependerá menos de lo firmado en Cardiff que de su duración en el cargo.

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