Fuentes parlamentarias denuncian falta de información y coordinación entre el Gobierno y los grupos socialistas durante la crisis migratoria
Rebeca Torró, secretaria de Organización del PSOE, y Montse Mínguez, portavoz parlamentaria, han perdido influencia en la transmisión de mensajes entre Moncloa y los grupos socialistas en el Congreso y Senado. La crisis de Ceuta ha expuesto una desconexión que fuentes del partido describen como «volar a ciegas»: los diputados reciben decisiones ya tomadas sin información previa ni participación en su diseño.
El problema no es nuevo. Los llamados maitines de los lunes en Moncloa —reuniones clave para alinear estrategias entre Gobierno y partido— han desaparecido o se celebran de forma opaca. Fuentes parlamentarias señalan que María Jesús Montero, número dos del PSOE y senadora por Andalucía, tampoco actúa como puente entre Sánchez y los grupos. «La comunicación es poca o nula», aseguran desde la Cámara Alta, donde no hay coordinación visible.
La tensión estalló con la decisión de desclasificar 40 documentos sobre la crisis de Ceuta el 29 de julio. El Gobierno los presentó como prueba de transparencia, pero fuentes del grupo socialista criticaron que no aportaban nada nuevo. Entre ellos, sin embargo, figuraba un informe del CNI que advertía de llamamientos en redes sociales para la entrada masiva de migrantes —un dato que, según fuentes, generó desconcierto interno por no haber sido compartido antes.
Desde Moncloa niegan «fuego amigo» y atribuyen los roces a la convivencia de posturas distintas dentro del PSOE. Pero diputados como Rafael Simancas, secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, reconocen la dificultad de coordinar una legislatura sin mayorías estables. «Cada uno va a su ritmo: Moncloa negocia con socios, los grupos viven votaciones al límite», explican fuentes cercanas.
El resultado es una cadena de mando rota. Mientras el Gobierno acusa a la oposición de exagerar la crisis, fuentes parlamentarias denuncian que «a veces decimos tonterías» por falta de datos. La crisis de Ceuta ha dejado al descubierto una grieta que podría agravarse si no se recuperan los mecanismos de coordinación.
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