El Tribunal Supremo anuló en 2021 las devoluciones colectivas; hoy, Rabat ignora los expedientes y los jóvenes rechazan volver
**Ceuta alberga entre 700 y 1.000 menores marroquíes no acompañados sin identificar**, según estimaciones del mando único de la crisis, mientras las naves del Tarayal se convierten en un centro de estancia temporal (CETI) con condiciones «infernales». Testimonios de adolescentes como Tarek (16 años) —que denuncia apuñalamientos nocturnos—, Fitah (16), Yasim (17) o Sulaymán (17) describen peleas, heridas infectadas y olores a putrefacción. Todos coinciden en una certeza: **no quieren regresar a Marruecos**, donde aseguran que «no hay futuro», y saben que las devoluciones son una «utopía» por la inacción de Rabat.
La situación refleja un **callejón sin salida legal y político**. El Gobierno central no puede actuar sin el visto bueno de Ceuta, cuyo presidente, Juan Jesús Vivas, aboga por expulsar a «todos» los menores, pero la experiencia de 2021 —cuando el Tribunal Supremo anuló 45 devoluciones colectivas por ser ilegales— frena cualquier medida precipitada. Entonces, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, justificó los retornos como «asistidos», pero el alto tribunal los declaró nulos al exigir trámites individualizados, incluyendo audiencias con cada menor.
Hoy, **Ceuta ya gestiona 1.899 menores no acompañados en acogidas oficiales**, aunque la cifra fluctúa por ausencias nocturnas. La competencia sobre su tutela es exclusiva de la ciudad autónoma, pero el bloqueo político —con el Gobierno central y Marruecos en posturas opuestas— alarga su estancia en condiciones precarias. Mientras, los jóvenes en el Tarayal confían en ser reubicados en la Península, aunque sin fecha clara. «Les vale con salir de aquí», resume uno de ellos, consciente de que su futuro no pasa por volver a ciudades marroquíes como Tetuán o Fez.
El contexto revela **tres frentes de tensión**: jurídico (el Supremo vetó devoluciones masivas), diplomático (Rabat ignora desde 2021 los expedientes de repatriación) y humanitario (los menores, muchos menores de edad, rechazan regresar). La crisis, lejos de resolverse, se cronifica: en mayo de 2021, 45 menores expresaron su voluntad de volver, pero Marruecos ni siquiera respondió a los requerimientos españoles. Hoy, con cifras similares o superiores, la repetición del escenario es inevitable si no hay un cambio de estrategia.







