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Jue. Oct 1st, 2026

Argentina prohíbe explotar yacimiento petrolífero cerca de Malvinas

Argentina prohíbe explotar yacimiento petrolífero cerca de Malvinas
Cas Rosada (CC BY 2.5 ar, Wikimedia Commons)
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El Gobierno argentino, impulsado por la presión de EE.UU., amenaza con demandas a empresas que operen en ‘Sea Lion’ y anuncia un rearme militar en Tierra del Fuego, mientras Chile y Brasil observan con recelo

Javier Milei ha convertido la soberanía sobre las Islas Malvinas en el eje central de su política exterior, impulsado por el apoyo de Donald Trump, quien el 1 de septiembre anunció que revisaría la histórica neutralidad de EE.UU. en el conflicto. Tras décadas de bajo perfil, el Gobierno argentino ha prohibido la explotación del yacimiento petrolífero Sea Lion, a 220 kilómetros de las islas, y amenaza con demandas a empresas que operen allí, vinculando su estrategia a la defensa de la Patagonia saudí —el megayacimiento de Vaca Muerta—. La medida, anunciada en cadena nacional, busca evitar que la riqueza energética de las islas refuerce su autonomía económica y, con ella, la resistencia británica.

El giro se produce tras el Mundial de Fútbol 2026, cuando jugadores argentinos desplegaron una sábana con el lema «Las Malvinas son argentinas» tras vencer a Inglaterra. El gesto, viralizado en camisetas y objetos cotidianos, movilizó a la opinión pública y obligó a Milei —hasta entonces indiferente al tema— a alinearse con una causa transversal, desde el kirchnerismo hasta su propio liberalismo. La presión de Trump, crítico con el Reino Unido por su gasto militar y su gestión de la base de Diego García, aceleró la decisión. Andy Burnham, primer ministro británico, se reunió con Trump en la ONU sin avances, mientras Londres insiste en que no negociará con Buenos Aires.

El paquete de sanciones de Milei incluye prohibiciones comerciales y penales para empresas que exploten Sea Lion, un yacimiento que podría resolver la economía de las islas —actualmente dependiente de la pesca y la ganadería—. Argentina argumenta que una Malvinas económicamente autónoma sería un obstáculo mayor para su reclamo de soberanía, ya que la causa, reconocida por la ONU desde 1965 como una situación colonial, goza de consenso en el país, incluido en la Constitución y la curricular escolar.

El rearme militar anunciado por Milei —con aumento presupuestario para Defensa y construcción de una base en Tierra del Fuego— sugiere un cambio de estrategia. Fuentes cercanas al Gobierno argentino confirman que EE.UU. podría aportar logística y financiación para la base, inicialmente planeada por China, pero ahora reducida a su influencia en la región. La cercanía de Punta Arenas (Chile) —a 635 km de Ushuaia— y el reciente anuncio de una ruta comercial entre esa ciudad y Puerto Argentino (Port Stanley) han generado tensiones en Buenos Aires, donde militares argentinos han realizado declaraciones imprudentes sobre el Estrecho de Magallanes, desatando una efervescencia nacionalista en Chile.

Mientras, Brasil enfrenta elecciones presidenciales, y el apoyo de Luiz Inácio Lula da Silva a Argentina en el conflicto se ha enfriado. Si Lula gana, Milei quedaría aislado en el sur, dependiendo exclusivamente de Trump, cuya reelección en noviembre es incierta. El fervor malvinero recuperado por Milei, aunque transversal, es frágil: su alianza con el kirchnerismo y su dependencia de EE.UU. podrían debilitar su legitimidad si el contexto internacional cambia.

El precedente de Trump y la neutralidad histórica de EE.UU.

EE.UU. ha mantenido una postura de neutralidad en el conflicto de Malvinas desde 1982, cuando apoyó al Reino Unido durante la guerra. Trump, sin embargo, ha criticado a Londres por su gasto militar —solo el 2% del PIB— y por los límites impuestos a la base de Diego García, clave para operaciones en Irán. Su declaración del 1 de septiembre, donde sugirió que EE.UU. podría revisar su postura, marcó un punto de inflexión. Milei, tradicionalmente admirador de Margaret Thatcher —quien ordenó el hundimiento del crucero argentino General Belgrano en 1982—, ha abandonado su retórica thatcheriana para abrazar la causa malvinera, aprovechando el impulso popular generado por el Mundial.

La ONU, que desde 1965 considera el estatus de las Malvinas una cuestión colonial, ha sido criticada por Milei en su discurso en la Asamblea General. Aunque Argentina reclama negociaciones, el Reino Unido rechaza cualquier diálogo hasta que Buenos Aires reconozca su soberanía sobre las islas, ocupadas en 1833. La presión de Trump ha obligado a Milei a actuar, pero su estrategia depende de factores externos: la reelección de Trump, la estabilidad de su Gobierno y la reacción de vecinos como Chile y Brasil.

El rearme argentino y las tensiones regionales

El anuncio de Milei incluye un aumento presupuestario para Defensa y la construcción de una base militar en Tierra del Fuego, provincia argentina a la que pertenecen las Malvinas según su ordenamiento legal. Fuentes diplomáticas indican que EE.UU. podría colaborar en el proyecto, aunque sin confirmación oficial. La base, inicialmente planeada por China, refleja el cambio de alianzas en la región: mientras Pekín reduce su influencia, Washington apuesta por fortalecer su presencia en el Atlántico Sur.

En Chile, las declaraciones de militares argentinos sobre el Estrecho de Magallanes han desatado una ola de nacionalismo. El Gobierno de José Antonio Kast mantiene un perfil bajo, pero la izquierda chilena —tan patriótica como la derecha— exige una respuesta. La ruta comercial entre Punta Arenas y Port Stanley, anunciada recientemente, ha generado malestar en Buenos Aires, que ve en ella un intento de consolidar la presencia británica en la región.

En Brasil, las elecciones presidenciales añaden incertidumbre. Si Lula da Silva gana, su relación con Milei —ya tensa— podría empeorar, dejando a Argentina sin apoyo en el Mercosur. Milei, por su parte, ha evitado reuniones directas con Trump, limitándose a un breve encuentro en el Escudo de las Américas. Su dependencia de la Casa Blanca es evidente: sin Trump, la causa malvinera podría perder fuerza, especialmente si el contexto internacional cambia.

Milei busca legitimar su Gobierno ante la opinión pública

Para Argentina, la reapertura del conflicto es una apuesta política: Milei busca legitimar su Gobierno ante una opinión pública movilizada, mientras el kirchnerismo recupera un tema que une al país. La prohibición de explotar Sea Lion es una medida simbólica pero con consecuencias económicas: las empresas que operen en el yacimiento podrían ser demandadas, afectando inversiones en Vaca Muerta. El rearme militar, aunque costoso, refuerza la imagen de un Gobierno decidido, pero también aumenta la dependencia de EE.UU.

El Reino Unido se enfrenta a un dilema: mantener su postura histórica —sin negociar— o ceder ante la presión de Trump y Milei. La base de Diego García es clave para sus intereses estratégicos, pero su relación con Washington se ha tensado por el gasto militar y la gestión de la migración. Si Trump gana las elecciones, Londres podría verse obligado a negociar; si pierde, el conflicto podría escalar.

Para Chile y Brasil, el tema es secundario, pero la efervescencia nacionalista en Santiago y la posible victoria de Lula en Brasil podrían limitar el apoyo a Argentina. China, por su parte, ve reducida su influencia en la región, mientras EE.UU. consolida su presencia en el Atlántico Sur. La dependencia de Milei de Trump es su mayor debilidad: si el presidente estadounidense pierde las elecciones, la causa malvinera podría quedarse sin su principal aliado.

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