El presidente estadounidense asegura que el líder norcoreano ‘le agrada’ y acusa a Clinton, Bush y Obama de ‘blandura’ frente a Pyongyang
Donald Trump ha reafirmado el martes su cercanía con Kim Jong-un, líder de Corea del Norte, en declaraciones que han reavivado las tensiones diplomáticas en la región. El presidente estadounidense ha insistido en que su relación con el norcoreano es ‘mutua’, algo que, según ha reconocido, le ha valido críticas internas y externas. ‘Resulta que Kim Jong-un es amigo mío. A él le agrada Trump. No le agrada mucha otra gente. Soy prácticamente la única persona en todo el mundo que le agrada, y él me agrada a mí’, ha declarado Trump, añadiendo que estas afirmaciones generan rechazo en sectores políticos y mediáticos.
Trump ha justificado su postura argumentando que Corea del Norte posee ‘un gran arsenal nuclear’, aunque ha matizado que ‘no como el nuestro’. Sin embargo, ha culpado directamente a sus predecesores —Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama— de no haber frenado el desarrollo nuclear norcoreano durante sus mandatos. ‘Hubo presidentes que no hicieron lo que yo hice. Eso se podría haber evitado, pero hubo presidentes que no eran Trump, y no lo detuvieron’, ha afirmado, tachándolos de ‘blandos’ en su gestión con Pyongyang.
El mensaje de Trump incluye una advertencia velada a Kim Jong-un: mientras él ocupe la Casa Blanca, el líder norcoreano ‘puede estar tranquilo’. Esta declaración llega en un contexto de estancamiento en las negociaciones de desnuclearización, tras el fracaso de la cumbre de Hanói en 2019. Desde entonces, Corea del Norte ha profundizado sus alianzas con Rusia y China, dos potencias que han mostrado poco interés en relanzar diálogos con Washington.
Trump, por su parte, ha dejado abierta la puerta a una nueva reunión con Kim Jong-un, aunque no ha especificado fechas ni condiciones. Su enfoque, centrado en la relación personal con el líder norcoreano, contrasta con el enfoque institucional de sus predecesores, algo que ha sido clave en su estrategia diplomática durante los últimos años.
Relación Trump‑Kim inició en 2018 con la cumbre de Singapur
La relación entre Trump y Kim Jong-un comenzó en 2018 con una serie de encuentros históricos, como la cumbre de Singapur en junio de ese año, donde ambos firmaron un acuerdo de principios para la desnuclearización de la península coreana. Sin embargo, los avances se estancaron rápidamente, especialmente tras la cumbre de Hanói en febrero de 2019, donde no se alcanzaron acuerdos concretos sobre la reducción del arsenal nuclear norcoreano.
Desde entonces, Corea del Norte ha realizado pruebas de misiles y ha intensificado su colaboración con Moscú y Pekín, dos actores clave en su estrategia geopolítica. Mientras, Trump ha mantenido una postura ambivalente: por un lado, ha elogiado su relación personal con Kim Jong-un; por otro, ha criticado la falta de progresos en materia de desnuclearización. Esta dualidad ha generado confusión en la comunidad internacional, donde algunos analistas ven en sus declaraciones un intento de presionar a Pyongyang mediante el diálogo directo, mientras otros las interpretan como una estrategia para desviar la atención de otros conflictos, como la guerra en Ucrania.
Las implicaciones de sus declaraciones
Las palabras de Trump tienen varias consecuencias inmediatas. En primer lugar, refuerzan la percepción de que la política exterior de EE.UU. hacia Corea del Norte depende en gran medida de la relación personal entre ambos líderes, algo que podría debilitar la posición negociadora de Washington en futuras conversaciones. Además, al culpar a sus predecesores de no haber frenado el programa nuclear norcoreano, Trump está reescribiendo la narrativa histórica de la crisis, algo que podría generar tensiones con la administración anterior y con aliados como Corea del Sur y Japón, que han mantenido una postura más firme contra Pyongyang.
Por otro lado, el mensaje tranquilizador dirigido a Kim Jong-un —’puede estar tranquilo’— podría interpretarse como un intento de evitar una escalada militar, pero también como una señal de debilidad por parte de EE.UU. en su política de contención. Mientras, la falta de interés de Corea del Norte por reiniciar las conversaciones sugiere que Pyongyang prioriza actualmente sus alianzas con Rusia y China, dos potencias que han mostrado poco entusiasmo por un acuerdo que limite su influencia en la región.
Finalmente, estas declaraciones podrían tener un impacto en las elecciones presidenciales de 2024 en EE.UU., donde la gestión de Trump en política exterior —especialmente su relación con líderes como Kim Jong-un— será un tema clave de debate. Sus críticos argumentarán que su enfoque personalista ha fracasado en lograr la desnuclearización, mientras que sus seguidores destacarán los avances en las relaciones bilaterales.






