El presidente iraní vincula el estancamiento diplomático con los bombardeos estadounidenses y propone reducir el enriquecimiento de uranio a cambio de levantamiento de sanciones
Masoud Pezeshkian, presidente de Irán, ha acusado directamente a Estados Unidos de bloquear las negociaciones para desescalar el conflicto actual y ha advertido de que Teherán ejercerá su derecho a la legítima defensa ante cualquier agresión, durante su intervención en la Asamblea General de la ONU en Nueva York. En una entrevista concedida a Fox News, Pezeshkian ha vinculado el estancamiento diplomático con los bombardeos estadounidenses sobre posiciones iraníes, que han provocado la muerte de figuras clave como el líder supremo Alí Jameneí.
El mandatario iraní ha reafirmado la disposición de su país a retomar el memorando de entendimiento firmado en junio de 2026 con el entonces presidente estadounidense Donald Trump, un acuerdo diseñado para frenar las hostilidades iniciadas el 28 de febrero de 2026 tras un ataque conjunto entre EE.UU. e Israel. Sin embargo, Pezeshkian ha denunciado que Washington prioriza la vía militar, impidiendo cualquier avance en las negociaciones indirectas que se mantienen actualmente en la sede de la ONU.
En el ámbito nuclear, Irán se ha comprometido a reducir los niveles de enriquecimiento de uranio y a permitir el regreso de los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), cuya actividad fue restringida tras los bombardeos del año pasado. Según Pezeshkian, esta medida responde a la voluntad de Teherán de evitar el desarrollo de armamento nuclear, algo que el propio Jameneí calificó como un acto «profano e ilegal» mediante un decreto religioso. No obstante, el presidente iraní ha dejado claro que su país no renunciará a su derecho a la defensa ante posibles agresiones, en un contexto donde EE.UU. ha sido acusado de buscar la destrucción de Irán.
El pronunciamiento de Pezeshkian coincide con un periodo de estancamiento bélico marcado por ataques esporádicos y conversaciones indirectas entre representantes de ambas potencias en la ONU. Aunque Irán ha mostrado disposición a negociar, la falta de avances concretos y la escalada de violencia han tensado aún más las relaciones entre Teherán y Washington.
El memorando de Trump: ¿una oportunidad perdida?
El acuerdo firmado en junio de 2026 entre Irán y el entonces presidente estadounidense Donald Trump fue presentado como un punto de inflexión para frenar el conflicto. Según fuentes diplomáticas citadas por Fox News, el memorando incluía medidas para reducir las tensiones, como la suspensión de sanciones económicas y el cese de ataques militares. Sin embargo, el acuerdo nunca se materializó debido a la oposición del Congreso estadounidense y a la posterior escalada de violencia tras el ataque conjunto de EE.UU. e Israel en febrero de 2026.
Desde entonces, las negociaciones han quedado paralizadas, con Irán acusando a Washington de incumplir sus compromisos. Pezeshkian ha insistido en que su gobierno está dispuesto a retomar el diálogo desde el punto en el que se quedó, pero ha advertido de que cualquier nuevo intento de negociación deberá incluir garantías claras de que EE.UU. no repetirá los errores del pasado. La referencia a la muerte de Jameneí y otros líderes iraníes subraya la gravedad de la situación y la urgencia de encontrar una solución diplomática antes de que el conflicto escale aún más.
El programa nuclear iraní: ¿una carta de negociación?
Irán ha reiterado en múltiples ocasiones que su programa nuclear tiene fines exclusivamente pacíficos, aunque la comunidad internacional desconfía de sus intenciones. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha documentado en repetidas ocasiones cómo Teherán ha incumplido los términos del acuerdo nuclear de 2015, conocido como Plan de Acción Conjunto (JCPOA), al superar los límites establecidos para el enriquecimiento de uranio.
En esta ocasión, Pezeshkian ha propuesto reducir los niveles de enriquecimiento como gesto de buena voluntad, siempre y cuando EE.UU. levante las sanciones económicas que asfixian a la economía iraní. Sin embargo, la propuesta choca con la postura de Washington, que exige garantías definitivas de que Irán no desarrollará armas nucleares antes de considerar cualquier levantamiento de restricciones. La tensión entre ambas posturas refleja la desconfianza mutua que ha caracterizado las relaciones entre ambos países durante décadas.
Además, el contexto actual es aún más complejo debido a la intervención de Israel, que ha realizado ataques contra instalaciones nucleares iraníes en el pasado. La alianza entre EE.UU. e Israel en este conflicto ha dificultado aún más las negociaciones, ya que Teherán percibe a ambos países como una amenaza unificada.
¿Qué se juega cada bando?
Para Irán, la negociación con EE.UU. es una cuestión de supervivencia económica y política. Las sanciones impuestas por Washington han devastado sectores clave como el petrolero y el financiero, lo que ha generado un descontento social creciente en el país. Un acuerdo que permita levantar estas restricciones sería un alivio inmediato para la población, aunque no resolvería los problemas estructurales de la economía iraní.
Por su parte, Estados Unidos enfrenta un dilema estratégico: por un lado, la administración actual parece dispuesta a explorar vías diplomáticas, pero, por otro, el Congreso y la opinión pública exigen una postura firme contra lo que perciben como las ambiciones expansionistas de Irán. La muerte de figuras clave como Jameneí ha aumentado la presión sobre Washington para evitar una escalada, pero también ha endurecido las posturas internas en favor de una respuesta más contundente.
En este escenario, Israel juega un papel crucial. Tel Aviv ha sido uno de los principales aliados de EE.UU. en la región y ha realizado ataques preventivos contra instalaciones iraníes, incluyendo supuestos centros de enriquecimiento de uranio. La postura israelí es clara: Irán no debe obtener capacidad nuclear bajo ninguna circunstancia, incluso si eso implica un enfrentamiento directo. Esta postura ha complicado aún más las negociaciones, ya que Teherán ve a Israel como un peón de Washington en su estrategia de contención.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con preocupación cómo el conflicto se acerca a un punto de no retorno. La ONU ha intentado mediar en varias ocasiones, pero sin éxito. La última ronda de conversaciones indirectas, celebrada en la sede neoyorquina, no logró avances significativos, y ahora depende de la voluntad política de ambas partes para evitar una escalada que podría tener consecuencias globales.
En este contexto, las declaraciones de Pezeshkian no solo reflejan la urgencia de Irán por desbloquear las negociaciones, sino también su disposición a hacer concesiones en el ámbito nuclear, siempre y cuando EE.UU. demuestre seriedad en su compromiso diplomático. Sin embargo, el tiempo se agota, y cada nuevo ataque militar acerca al mundo a un escenario de conflicto abierto que nadie parece deseoso de enfrentar.





