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El caso de Maricarmen Abascal, sacada a la fuerza de su vivienda, cuestiona los límites éticos y legales de los desahucios en el país

Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años con problemas de salud, ha sido desahuciada por la fuerza de su vivienda en Retiro, un caso que trasciende lo individual para revelar un problema estructural: ¿hasta qué punto una sociedad permite que sus miembros más vulnerables sean abandonados?

El desalojo, ejecutado a plena luz pública, no solo vulnera su dignidad, sino que pone en evidencia las fallas de un sistema que prioriza intereses económicos sobre derechos básicos. El texto fuente cita el artículo 34 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que advierte: *»Existe opresión contra el cuerpo social cuando uno solo de sus miembros es oprimido»*. En este caso, la opresión contra una persona anciana y enferma se convierte en un síntoma de una crisis más profunda: la erosión de los valores colectivos.

El caso no es aislado. Según el marco legal español, los desahucios deben respetar medidas de protección para colectivos vulnerables, como personas mayores o enfermas. Sin embargo, la práctica demuestra que estas garantías a menudo se incumplen, especialmente cuando entran en conflicto con intereses inmobiliarios o financieros. La Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) y normativas autonómicas como la moratoria de desahucios —apoyada por partidos como el PSOE, Podemos y ERC— buscan equilibrar estos derechos, pero su aplicación depende de la voluntad política y judicial.

Políticamente, el caso divide a las fuerzas parlamentarias. Mientras el PP y Junts votaron en contra de la moratoria que protegía a Abascal, el PSOE y partidos de izquierda lo presentan como un ejemplo de la necesidad de reforzar las protecciones sociales. La pregunta clave es si este desahucio será un punto de inflexión: ¿logrará movilizar a la sociedad civil y a las instituciones para revisar las leyes, o quedará como otro caso más en la impunidad?

Lo que está en juego no es solo el destino de Maricarmen Abascal, sino el de cualquier ciudadano en situación de vulnerabilidad. Como señalaba el filósofo Immanuel Kant, *»lo que tiene dignidad no tiene precio»*. Cuando un sistema permite que una anciana sea desalojada sin miramientos, lo que realmente se desahucia es la dignidad de todos.

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