La primera ministra italiana anuncia también cupos máximos de alumnos extranjeros por aula y obligará a sus padres a aprender italiano para poder dialogar con el centro
La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, anunció que presentará un proyecto de ley en el próximo consejo de ministros para prohibir el burka y el niqab en todas las escuelas italianas. La medida incluye además límites al número de estudiantes extranjeros por aula y la obligación de que los padres de esos alumnos aprendan italiano.
Meloni expuso las líneas de la norma durante su intervención en el festival nacional Fénix, organizado por las juventudes de su partido, Hermanos de Italia. La primera ministra confía en que el texto salga adelante en los próximos meses, según el anuncio que hizo ante los asistentes al acto.
Sobre el velo integral, Meloni justificó la prohibición con una idea: en Italia nadie puede decidir, en nombre de una tradición real o supuesta, que una joven deba esconderse. La medida se extendería a todos los centros educativos del país, tanto colegios como institutos.
El segundo bloque de la ley afecta a la composición de las aulas. El texto fijará un máximo de estudiantes foráneos por clase en todo el territorio italiano. Meloni defendió ese tope con el argumento de que no es posible que los niños nacionales se sientan desplazados por una minoría de niños extranjeros, algo que, dijo, no puede ocurrir.
La tercera pata obliga a los padres de alumnos extranjeros con problemas de integración en el sistema escolar a aprender italiano. Meloni sostuvo que ese aprendizaje es necesario para poder mantener el diálogo con la institución educativa.
El dato que Meloni no puede medir: la religión de los alumnos
El Ministerio de Educación italiano no recopila datos oficiales sobre las creencias religiosas de los estudiantes porque la ley lo prohíbe. Esa ausencia de registro oficial convive con un aumento del alumnado de origen inmigrante en las escuelas del país.
Para cubrir ese vacío estadístico, la Fundación ISMU sitúa a los estudiantes musulmanes en el 29,7% del alumnado desde julio de 2023. Ese porcentaje es el único dato disponible sobre el peso de esa comunidad en las aulas italianas, ya que la administración no puede preguntar por la confesión de los alumnos.
La combinación de ambos elementos explica el encaje de la propuesta: sin un censo oficial de religión, el Ejecutivo de Meloni legisla sobre símbolos visibles, como el burka y el niqab, y sobre cupos por nacionalidad, en lugar de sobre credos declarados.
Dinamarca, Francia y Portugal ya abrieron la vía
La iniciativa italiana no parte de cero en Europa. La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, anunció en 2025 un plan similar para los colegios de todo el país. En su presentación, Frederiksen afirmó que «el islam es una represión inherente al control social».
En Francia, el ex primer ministro Gabriel Attal propuso prohibir el velo islámico a las menores de 15 años, y no solo en las escuelas, sino también en los espacios públicos. Attal alegó una falta de igualdad entre hombres y mujeres para justificar la medida.
Portugal se sumó a esa lista de países europeos que restringen las prendas islámicas. El Parlamento portugués aprobó en octubre de 2025 una iniciativa del partido conservador Chega para prohibir el uso del burka o el niqab en espacios públicos. La propuesta salió adelante con el apoyo del Partido Social Demócrata (PSD), al que pertenece el primer ministro Luis Montenegro, y del democristiano CDS-PP.
El caso portugués muestra el mecanismo parlamentario que en Italia todavía no se ha activado: allí la prohibición llegó por una iniciativa legislativa votada y respaldada por dos formaciones de la coalición de gobierno, no por un anuncio previo del Ejecutivo.
Qué se juega Meloni con el calendario
El anuncio llega en un formato de doble filo para la primera ministra. Al presentarlo en el festival de las juventudes de Hermanos de Italia, Meloni lo convierte en bandera de su base antes de que el texto exista como proyecto formal.
Ese orden —discurso primero, consejo de ministros después— deja el calendario en manos del propio Ejecutivo. La norma aún no tiene fecha de aprobación confirmada más allá de la intención de sacarla adelante en los próximos meses.
El contenido toca tres frentes distintos a la vez: indumentaria religiosa, cupos por nacionalidad y obligaciones lingüísticas para las familias. Cada uno de esos frentes activa a un interlocutor diferente, desde las comunidades escolares hasta los países de origen de los alumnos afectados.
La comparación con Dinamarca, Francia y Portugal sitúa la propuesta italiana dentro de una tendencia europea de restricción de prendas islámicas. Lo que distingue al caso italiano es que une esa restricción con límites a la presencia de extranjeros por aula, una combinación que ninguno de los tres precedentes citados planteó en los mismos términos.
El proyecto de ley será presentado oficialmente en el próximo consejo de ministros, según la propia Meloni, lo que marcará el primer paso formal para su eventual aprobación.






