El Sindicato de Estudiantes convoca para este domingo una manifestación bajo el lema ‘Empieza el otoño caliente para echar a Ayuso’, mientras el Gobierno regional acusa a la izquierda de orquestar una estrategia de desgaste electoral
Isabel Díaz Ayuso ha sido objeto de dos escraches en menos de una semana en Madrid: el primero, consumado, durante la feria The District en Ifema, donde activistas del Sindicato de Inquilinas —con entradas compradas a 300 euros cada una— lanzaron bombas fétidas y la confrontaron directamente. El segundo, una intentona fallida este miércoles frente a la sede de la Comunidad en Puerta del Sol, donde decenas de educadoras infantiles insultaron a coches oficiales y consejeros durante el Consejo de Gobierno.
La escalada de protestas, calificada por el Ejecutivo regional como «políticas», coincide con el inicio del otoño caliente anunciado por la propia Ayuso y anticipado por este medio como una orden de Moncloa para presionar de cara a un posible adelanto electoral. Los sindicatos, aliados con Podemos y Más Madrid, usan frentes como vivienda —con el desahucio de Maricarmen, una anciana de 87 años, como símbolo—, educación y servicios públicos para elevar la tensión. El Sindicato de Estudiantes convocó para este domingo una manifestación bajo el lema «Empieza el otoño caliente para echar a Ayuso», con el objetivo explícito de forzar su dimisión.
El Gobierno madrileño, que ya advirtió en 2025 de este escenario, interpreta las movilizaciones como una estrategia coordinada para desgastar al PP de cara a las autonómicas de 2027. El acuerdo sectorial firmado en 2025 con los sindicatos —vigente hasta 2028— no ha frenado las protestas, que ahora incluyen acciones como el escrache en Ifema, donde la activista Alejandra Martínez (vinculada a Podemos) encaró a Ayuso mientras la candidata a la presidencia de la Comunidad, Ione Belarra, aplaudía. El portavoz regional, Miguel Ángel García Martín, tachó el episodio de «maniobra» para llamar la atención, acusando a Podemos de carecer de propuestas para Madrid.
El trasfondo electoral es clave: con las autonómicas en el horizonte y la posibilidad de un adelanto nacional, cualquier conflicto se convierte en un campo de batalla. El Ejecutivo madrileño ya se prepara para responder, pero la izquierda ha unido fuerzas para mantener la presión. La manifestación del domingo será la primera gran prueba de fuerza de este otoño caliente, donde el objetivo no es solo Ayuso, sino debilitar al PP en la región.






