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EE.UU. prohíbe exportar gasóleo 90 días para bajar precios antes de elecciones
Wikimedia Commons (Donald Trump III)
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Trump impulsa la medida pese a las advertencias del sector petrolero y republicanos; el diésel ya sube un 76% en un año

Donald Trump anunciará esta semana la primera restricción a las exportaciones energéticas de Estados Unidos desde 2015: un veto de 90 días a la venta de gasóleo al exterior, según avanza Politico. La Casa Blanca justifica la medida con el objetivo de reducir el coste de la energía antes de las elecciones de medio mandato del 5 de noviembre, donde los sondeos dan como favoritos a los demócratas.

El plan, que enfrenta resistencia interna tanto en el sector petrolero como entre republicanos, busca que el combustible destinado a la exportación se redirija al mercado nacional. Sin embargo, los productores advierten de que la reducción de la oferta futura encarecerá los precios a largo plazo, incluyendo el queroseno. La Asociación Estadounidense del Automóvil (AAA) registraba este miércoles un precio medio del diésel de 6,52 dólares por galón (5,73 euros), un 76% más que hace un año y 91 centavos más que la semana anterior.

La decisión, que Trump impulsaría «a finales de esta misma semana», choca con el consenso técnico: aunque algunos expertos reconocen que la medida podría abaratar la factura energética en ciertas regiones, los fabricantes alertan de que la pérdida de demanda extranjera obligará a recortar la producción, agravando la escasez futura. «Lo que ha acallado las voces más sensatas es esa preocupación apocalíptica por los precios en las gasolineras», explicó una fuente de la Administración, que describe cómo el bando político ha impuesto su agenda pese a las advertencias.

La medida revierte parcialmente la política energética de Barack Obama, quien en 2015 levantó una prohibición a la exportación de crudo que llevaba décadas vigente. Ahora, el Gobierno de Trump apuesta por un control temporal que, de aprobarse, marcaría un precedente en la política energética estadounidense en plena campaña electoral.

El contexto: por qué EE.UU. exporta gasóleo y qué riesgos tiene la medida

Estados Unidos es el mayor exportador mundial de gasóleo desde 2018, con un volumen récord de 1,2 millones de barriles diarios en 2023, según datos de la Administración de Información Energética (EIA). El combustible, clave para el transporte y la agricultura, se destina principalmente a Europa y Asia, donde la demanda supera la producción local. La prohibición temporal, similar a la aplicada en 2022 durante la invasión rusa de Ucrania, busca aliviar la presión en las gasolineras domésticas, donde los precios han subido un 40% desde enero.

Sin embargo, el riesgo de un efecto rebote es real: en 2022, cuando EE.UU. restringió las exportaciones de gasolina, los precios nacionales cayeron inicialmente,, pero la oferta se contrajo un 12% en seis meses, según un informe de la Reserva Federal. Los republicanos, como el senador John Kennedy, ya han criticado la medida como «un error económico» que perjudicará a los consumidores a largo plazo. «No es una solución, es un parche», advirtió Kennedy, quien representa a un estado clave como Texas, donde se concentra el 40% de la producción nacional de petróleo.

Las reacciones: desde el sector petrolero hasta Bruselas

La industria energética se ha alineado contra la medida. La Asociación Americana de Petróleo (API) advirtió en un comunicado que «cualquier restricción a las exportaciones agravará la inflación y debilitará la competitividad de EE.UU.». Empresas como ExxonMobil y Chevron han señalado internamente que la reducción de la demanda extranjera obligará a cerrar refinerías, incrementando los costes logísticos. «Es como cortarse las venas para bajar la presión arterial», comparó un ejecutivo del sector.

En Europa, donde el gasóleo representa el 30% del consumo de combustibles, la medida genera incertidumbre. La Comisión Europea ya ha abierto un diálogo con Washington para evaluar el impacto en el mercado único, especialmente en sectores como el transporte por carretera, donde los precios han subido un 25% en lo que va de año. «No podemos permitir que decisiones unilaterales distorsionen nuestras cadenas de suministro», declaró una portavoz de la comisaria de Energía, Kadri Simson, quien recordó que la UE depende en un 20% del gasóleo importado de EE.UU.

Mientras, en el Congreso, los republicanos han presentado una enmienda para bloquear la prohibición, argumentando que «castigará a los contribuyentes». El senador Ted Cruz, crítico histórico de las políticas energéticas de la Administración, tachó la medida de «electoralista» y advirtió de que «los mismos votantes que se quejan de los precios pagarán el precio de esta decisión».

El precedente: ¿qué pasó con la prohibición de Obama en 2015?

La última vez que EE.UU. restringió las exportaciones energéticas fue en 2015, cuando Obama levantó una prohibición de 40 años sobre el crudo. La medida, impulsada por el auge del cracking, permitió a las empresas estadounidenses competir en mercados globales y redujo los precios internos en un 30% en dos años. Sin embargo, el efecto colateral fue una caída de la producción en países como Canadá y México, que dependían de las exportaciones estadounidenses.

En el caso del gasóleo, la diferencia clave es que, a diferencia del crudo, no existe un mercado global estandarizado. El 90% del gasóleo exportado por EE.UU. se destina a Europa y Asia, donde los precios ya están por encima de los 1,50 dólares por litro. Una prohibición temporal podría generar un desabastecimiento en esos mercados, obligando a importar combustible más caro desde Oriente Medio. «Es un juego de suma cero», advirtió Daniel Yergan, historiador de la energía y autor de The New Map. «Si EE.UU. retiene su gasóleo, alguien más tendrá que vender el suyo, y a un precio más alto».

La decisión de Trump, por tanto, no solo tiene implicaciones económicas, sino también geopolíticas. Países como Arabia Saudí y Rusia, principales exportadores alternativos, podrían aumentar su cuota de mercado, mientras que la UE se vería obligada a acelerar su transición hacia combustibles alternativos, como el hidrógeno verde, para reducir su dependencia.

Para los analistas, el verdadero test será cómo reaccionan los mercados en las primeras semanas. Si los precios caen en EE.UU. pero suben en Europa, la medida podría ser percibida como un «éxito electoral» a corto plazo con costes a largo plazo. «Trump está jugando con fuego», advirtió Myra J. Adams, economista de la Universidad de Georgetown. «En política, los ciclos son cortos, pero en los mercados, las consecuencias son eternas».

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