Campillo de Deleitosa y Mesas de Ibor registran cifras récord de emigrantes con derecho a voto, según datos del censo electoral de enero de 2026
Dos municipios de la provincia de Cáceres, Extremadura, registran una situación demográfica extrema: el número de votantes empadronados en el extranjero supera al de quienes residen en sus localidades. Según los datos del censo electoral a 1 de enero de 2026, Campillo de Deleitosa cuenta con 81 electores residentes en España frente a 165 inscritos en el Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA), más del doble. A escasos kilómetros, Mesas de Ibor tiene 132 residentes con derecho a voto en el municipio frente a 220 empadronados en el extranjero, lo que representa más del 62% del total de su censo.
Estas cifras reflejan un fenómeno consolidado en zonas rurales de España, donde la emigración masiva hacia ciudades o países europeos ha reconfigurado el mapa electoral. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), Extremadura es una de las comunidades con mayor tasa de emigración interna y externa, especialmente hacia Alemania, Francia y Suiza, donde muchos jóvenes buscan oportunidades laborales. El censo electoral refleja esta tendencia: mientras en 2010 el 80% de los votantes de estos pueblos residían en sus localidades, hoy esa proporción se ha invertido.
El impacto político es inmediato. En elecciones generales, estos votantes ausentes pueden influir en resultados locales y autonómicos, especialmente si ejercen su derecho al voto desde el extranjero. Según la Ley Orgánica 7/2000, los españoles en el exterior votan en las mismas condiciones que los residentes, pero su participación suele ser menor por las barreras logísticas. En 2023, solo el 35% de los censados en el CERA ejerció su voto, una cifra que podría variar en estos municipios donde la diáspora es mayoritaria.
La Junta de Extremadura ya ha reconocido este fenómeno como un desafío para la cohesión territorial. En 2025, el Gobierno regional aprobó un plan de repoblación con incentivos fiscales para atraer residentes, aunque los resultados aún no son visibles. Mientras, los ayuntamientos afectados, como Campillo de Deleitosa, dependen cada vez más de fondos europeos para mantener servicios básicos, en un círculo vicioso donde la despoblación agrava la falta de recursos.







