La Comisión Electoral Central rusa registra un 30,21% de participación en tres días de elecciones, mientras el Kremlin neutraliza la oposición y la guerra en Ucrania altera el proceso
Vladímir Putin votó este viernes por internet en las elecciones legislativas rusas, un sistema que ha disparado la participación hasta un 30,21% en solo tres días de votación, según datos de la Comisión Electoral Central (CEC). Mientras el Kremlin consolida su hegemonía política, la guerra en Ucrania ha interrumpido el proceso electoral con ataques de drones que obligaron a cerrar colegios en Sochi, ciudad donde el presidente ruso posee una mansión.
El Ministerio de Defensa ruso informó este sábado de que sus defensas antiaéreas derribaron 344 drones ucranianos en 16 regiones, desde Moscú hasta el Cáucaso y Siberia, donde se ubican yacimientos clave de petróleo y gas. La CEC, dirigida por Ela Pamfílova, minimizó incidentes, pero partidos como Yábloko y los comunistas denunciaron bloqueos a sus observadores en los colegios.
El sistema de votación electrónica, usado por el 70% de los votantes en la primera jornada, ha generado sospechas. El grupo de hackers CikLeak acusó a la CEC de un sistema «completamente opaco» que facilita el fraude, mientras el partido gobernante, Rusia Unida, busca revalidar su mayoría constitucional pese a que el 59% de los rusos apoya un fin rápido de la guerra, según el Centro Levada.
La participación supera ya el doble de la registrada en 2021, con un 28,5% de los votantes de Moscú optando por el voto telemático en solo ocho horas. Entre los que votaron por internet destacan, además de Putin, el primer ministro Mijaíl Disgustan, el ministro de Exteriores Serguéi Lavrov y el alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin.
El contexto de un sistema electoral sin oposición real
Las elecciones rusas se celebran en un marco donde el Kremlin ha eliminado cualquier disidencia política. Partidos como Yábloko, de orientación liberal, y la plataforma Parnas —que buscaba presentar candidatos independientes— fueron prohibidos en 2021 y 2023, respectivamente. La ley electoral rusa exige un 5% de los votos para acceder al parlamento, una barrera casi insalvable para cualquier formación no afín al poder.
El sistema de votación electrónica, introducido en 2019, ha sido criticado por organizaciones como la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa) por su falta de transparencia. Según informes de la oposición, permite manipular resultados sin dejar rastro, algo que el Kremlin niega. En esta ocasión, la CEC no ha permitido la observación internacional independiente, algo habitual en procesos electorales rusos desde la anexión de Crimea en 2014.
La guerra en Ucrania ha añadido una capa de complejidad al proceso. Los ataques con drones, que han afectado a regiones clave como Bélgorod (fronteriza con Ucrania) y Krasnodar, han obligado a suspender votaciones en zonas estratégicas. Aunque la CEC ha asegurado que los incidentes no han alterado el desarrollo general, la oposición los ha utilizado para denunciar la falta de seguridad en el proceso.
Implicaciones: ¿Un resultado predecible con matices?
Aunque el Kremlin controla el resultado final, el contexto actual introduce variables difíciles de predecir. La alta participación en voto electrónico —un 70% en la primera jornada— podría interpretarse como un intento de legitimidad, pero también como una señal de desconfianza hacia el voto presencial, donde la oposición suele concentrar sus esfuerzos.
El partido Rusia Unida, liderado por Serguéi Shóigu (ministro de Defensa y aliado cercano de Putin), buscará superar los 324 escaños que obtuvo en 2021 para mantener su mayoría de dos tercios en la Duma. Sin embargo, la fatiga por la guerra y las sanciones internacionales podrían erosionar su apoyo, aunque el Kremlin cuenta con herramientas para compensarlo, como el control de los medios y la represión de cualquier crítica.
Para la oposición, incluso la limitada, estas elecciones son una oportunidad simbólica. Partidos como Comunistas de Rusia, que podrían superar el umbral del 5%, han llamado a sus votantes a acudir a los colegios el último día para dificultar cualquier intento de fraude masivo. No obstante, su capacidad para influir en el resultado es mínima: en 2021, obtuvieron solo 17 escaños.
La verdadera incógnita no es el resultado —que el Kremlin garantizará—, sino cómo gestionará la disidencia interna. Con la economía rusa bajo presión por las sanciones y el descontento social en aumento, Putin podría usar estos comicios para consolidar su narrativa de «unidad nacional» frente a Occidente, aunque el desgaste por la guerra en Ucrania ya es una realidad palpable.






