La presidenta mexicana confirma negociaciones directas con EE.UU. para resolver aranceles y reglas de origen, excluyendo a Canadá en un giro que podría reconfigurar el comercio norteamericano
Claudia Sheinbaum y Donald Trump han logrado avances significativos en negociaciones comerciales bilaterales fuera del marco del T-MEC, según confirmó la mandataria mexicana este viernes desde Guanajuato. La conversación telefónica del miércoles —previa a una ronda de negociaciones prevista para el 28 y 29 de septiembre en Washington— marca un cambio estratégico: ambos gobiernos exploran un acuerdo exclusivo entre México y EE.UU., sin la participación de Canadá, que hasta ahora ha sido parte clave del tratado vigente desde 2020.
Sheinbaum evitó detalles concretos sobre los acuerdos alcanzados, pero admitió que «va avanzando bien» la posibilidad de un pacto bilateral. «Llegamos a algunos acuerdos, pero hasta que no esté el acuerdo final, no podríamos darlo a conocer», declaró en su conferencia matutina. La llamada, programada y con participación de los cancilleres Roberto Velasco (México) y Marcelo Ebrard (Economía), refleja una estrategia de negociación discreta que ambos gobiernos han mantenido hasta ahora, sin hacer públicos contactos previos.
El giro hacia un acuerdo bilateral excluye a Canadá, país que ha sido socio clave en el T-MEC para equilibrar las demandas estadounidenses. Fuentes cercanas a las negociaciones —citadas por medios estadounidenses el jueves— señalaron que Trump busca reducir la dependencia de componentes asiáticos, especialmente chinos, en la cadena de suministro de productos tecnológicos fabricados en México. Este enfoque choca con la postura canadiense, que ha defendido la integración regional como pilar del tratado.
Entre los puntos más sensibles en la mesa están los aranceles estadounidenses al acero, aluminio y automóviles mexicanos, así como las reglas de origen para productos tecnológicos. En la tercera ronda bilateral celebrada en julio en Ciudad de México, ambos gobiernos reportaron avances en sectores estratégicos como el acero y el aluminio, pero Washington mantiene presión para endurecer las normas y evitar que componentes extranjeros —especialmente de China— diluyan el valor regional de la producción mexicana.
Sheinbaum ha insistido en defender la soberanía económica mexicana, rechazando compromisos que considere perjudiciales. Sin embargo, el avance con Trump —sin la mediación canadiense— podría acelerar soluciones a conflictos como los aranceles, que han afectado a industrias clave como la automotriz. La próxima ronda en Washington será decisiva para definir si el acuerdo bilateral se materializa o si el T-MEC sigue siendo la base, ahora con Canadá en una posición más débil.
El precedente del T-MEC: ¿por qué Canadá podría quedar fuera?
El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), vigente desde julio de 2020, fue diseñado para modernizar el NAFTA y adaptarlo a las nuevas cadenas de valor globales. Sin embargo, su estructura tripartita ha sido criticada por analistas como un obstáculo para negociaciones ágiles, especialmente cuando uno de los países —como Canadá— tiene intereses distintos a los de EE.UU. en sectores como el energético o el tecnológico.
En este contexto, Trump ha mostrado preferencia por acuerdos bilaterales, como el pacto con Japón en 2023 para reducir aranceles a productos agrícolas. La estrategia actual con México sigue esa línea: excluir a Canadá podría permitir avances más rápidos en temas como la localización de cadenas de suministro (carsharing), un objetivo clave para Trump, que ha prometido reducir la dependencia de China en sectores estratégicos.
Canadá, por su parte, ha sido menos flexible en negociaciones recientes. Mientras México y EE.UU. han mostrado disposición a ajustes en reglas de origen, Ottawa ha insistido en mantener estándares ambientales y laborales que, según fuentes consultadas, frenan avances en sectores como el automotriz. La exclusión canadiense en este nuevo acuerdo bilateral podría ser táctica: forzar a Canadá a ceder en futuras negociaciones tripartitas o, incluso, debilitar su posición en el T-MEC a largo plazo.
Implicaciones: ¿un nuevo modelo para el comercio en América del Norte?
Si el acuerdo bilateral entre México y EE.UU. se concreta, Canadá quedaría en desventaja en sectores como el energético y el automotriz, donde su participación en el T-MEC ha sido clave. Analistas como Eduardo Huchim, director del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), advierten que la fragmentación del comercio norteamericano podría generar incertidumbre en las cadenas de suministro, especialmente si EE.UU. impone reglas distintas para productos mexicanos según su origen.
Para México, el riesgo es perder influencia en la definición de las normas comerciales. Aunque Sheinbaum ha defendido la soberanía económica, un acuerdo bilateral con EE.UU. podría limitar su margen de negociación con otros socios, como la Unión Europea o China. Además, la exclusión de Canadá debilita el argumento mexicano de que el T-MEC es un tratado equilibrado, algo que ha usado para evitar mayores concesiones en temas como el acero o el aluminio.
En el corto plazo, el mayor beneficiado sería el sector automotriz mexicano, que ha sufrido por los aranceles de Trump. Si se resuelven las reglas de origen y se reducen los impuestos, empresas como General Motors o Ford podrían reubicarse más producción en México, alejándose de plantas en Asia. Sin embargo, el costo político para Canadá podría ser alto: perder acceso preferencial a un mercado de 800 millones de consumidores (EE.UU. + México) sin compensación clara.
La próxima ronda de negociaciones en Washington será crítica. Si Trump y Sheinbaum logran un acuerdo, Canadá podría verse obligado a renegociar su participación en el T-MEC o aceptar condiciones menos favorables. Para México, el desafío será equilibrar la presión de EE.UU. con la necesidad de mantener relaciones estables con Canadá, su segundo socio comercial después de EE.UU.
Lo que está claro es que, por primera vez desde la firma del NAFTA en 1994, el comercio en América del Norte podría dividirse en bloques: uno bilateral (EE.UU.-México) y otro marginalizado (Canadá). Para las empresas, esto significa mayor complejidad logística; para los gobiernos, una prueba de fuerza sobre quién tiene más peso en la región.






