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Vie. Sep 18th, 2026
Rove rompe filas y advierte derrota histórica del GOP
Staff Sgt. Marianique Santos (Public domain, Wikimedia Commons)
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A 46 días de las elecciones, el presidente arrastra al GOP a su peor momento desde 2016, con un 37% de aprobación, críticas internas y un voto genérico demócrata récord (D+8)

Donald Trump enfrenta el peor momento político de sus dos mandatos a 46 días de las elecciones de medio mandato en EE.UU., con una aprobación del 37% y una desaprobación del 59%, según el promedio de agregadores del 12 de septiembre. La guerra con Irán —iniciada el 28 de febrero— ha disparado el precio de la gasolina a más de $4 el galón, devorado el principal argumento económico republicano y dejado al presidente con solo un 10% de apoyo entre independientes en la gestión del coste de vida, según el sondeo NYT/Siena.

El conflicto, que ya ha costado $38.000 millones y suma $3.000 millones mensuales, explica más de un tercio del repunte inflacionario de 2026, según la Oficina Presupuestaria del Congreso. Mientras Trump minimizó la subida de precios como «un coste aceptable por la seguridad global», el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, admitió públicamente que los carburantes «siguen demasiado altos» y que la situación no se resolverá antes del 3 de noviembre. Una confesión inédita en un partido en el gobierno.

El voto genérico marca el techo demócrata del ciclo: el promedio de Silver Bulletin sitúa a los demócratas con una ventaja de D+7,5, el máximo desde que comenzó la legislatura. Sondeos como NYT/Siena (51-43) o Catawba College/YouGov (49-38 entre votantes probables) reflejan un escenario desolador para los republicanos, que han perdido la propiedad de los dos temas clave de la campaña de Trump en 2024: economía y coste de la vida. Solo en inteligencia artificial mantienen una ligera ventaja, un tema que ningún estratega considera decisivo.

La fractura interna es ya insostenible. Karl Rove, arquitecto de las victorias de George W. Bush y figura histórica del GOP, anunció esta semana en The Wall Street Journal que votará a un demócrata en Texas, rompiendo con el partido por segunda vez en su vida. Trump respondió llamándole «perdedor de piedra fría» y acusándole de «síndrome de trastorno Trump», pero el daño está hecho: Rove no es un caso aislado. La senadora Lisa Tarkovski reprochó al presidente socavar públicamente al líder de la mayoría en el Senado, John Thune, mientras John Kennedy resumió la situación con un lacónico «no ayuda».

La división trasciende lo político: más de una docena de senadores republicanos criticaron abiertamente la apertura a importaciones de vacuno, una medida que amenaza a estados clave como Maine y Michigan. Incluso Roger Marshall, aliado fiel de Trump, se desmarcó de su llamado a boicotear a Bombardier, empresa clave en Kansas. La senadora Joni Ernst, whose seat in Iowa remains open, admitió que los aranceles «han salido en todas y cada una de las reuniones» con grupos locales, aunque evitó responder si han dañado al partido.

El precedente de 2016: ¿Repetición de historia o colapso sin retorno?

La última vez que un presidente republicano afrontó midterms con estos números fue en 2016, cuando George W. Bush registraba un 33% de aprobación y una desaprobación del 58%. Sin embargo, la comparación es engañosa: Bush gobernaba en un contexto de posguerra en Irak y sin el peso polarizador de Trump. En 2016, los republicanos perdieron 6 escaños en el Senado y 6 en la Cámara, pero mantuvieron la mayoría en ambas cámaras. Esta vez, el escenario es radicalmente distinto: el partido no solo arrastra al presidente, sino que su propia base cuestiona su liderazgo.

El caso más simbólico es el de Marjorie Taylor Greene, quien dimitió de su escaño en enero tras enfrentarse a Trump por la publicación de los archivos de Jeffrey Epstein. En su salida, Greene vaticinó que los republicanos perderían las midterms y que Trump sería sometido a un proceso de impeachment con una Cámara demócrata. Su predicción, entonces marginal, gana hoy credibilidad con cada sondeo.

¿Qué se juega el GOP más allá de las urnas?

Las elecciones del 3 de noviembre no deciden solo el Congreso, sino quién hereda el Partido Republicano cuando Trump deje de ser candidato. La derrota sería un golpe existencial: el partido ya ha perdido el control de 1.200 cargos locales desde 2020, según el Pew Research Center, y el colapso en las midterms aceleraría una crisis de identidad. La pregunta no es si perderán, sino cómo reconstruirán su base cuando el presidente ya no esté en la papeleta.

Mientras, Trump sigue apostando por su estrategia de polarización: en un mitin en Ohio el 15 de septiembre, aseguró que «los demócratas quieren destruir América» y culpó a los medios de «mentir sobre la economía». Pero los datos no mienten: el 60% de los independientes cree que la economía está peor que hace un año, y el 72% desconfía de que el partido republicano pueda gestionar la inflación, según NYT/Siena. La grieta es irreversible.

El desplome no es uniforme entre las distintas casas de sondeo, pero la dirección es unánime: el rango va del 35% que le concede CNN al 39,3% de RealClearPolitics, y el propio Nate Silver recordaba esta semana que a estas alturas de su primer mandato Trump estaba en –13,0 puntos de saldo neto, frente al –21,7 actual. La comparación con Joe Biden, que entonces registraba –11,3, subraya la magnitud del deterioro. Entre los independientes, el sondeo NYT/Siena del 8 al 13 de septiembre sitúa el apoyo a su gestión en apenas un 27%, un dato que ningún estratega republicano se atreve ya a minimizar.

El calendario tampoco ofrece alivio: la Cámara y un tercio del Senado se renuevan el 3 de noviembre, y el presidente de la Cámara, Mike Johnson, ya ha admitido que los precios de los carburantes no bajarán antes de esa fecha. Con la guerra con Irán sumando 3.000 millones de dólares mensuales y el estrecho de Ormuz cerrado de facto, la campaña republicana afronta las últimas seis semanas sin margen para revertir la percepción económica que domina el voto.

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