El precio del diésel se dispara un 55% en EE.UU. y el barril supera los 108 dólares por el bloqueo en el mar Rojo, la guerra en Ucrania y la presión electoral sobre Trump
Donald Trump ha acusado directamente a Ucrania de ser responsable del aumento global de los precios del petróleo, instando a Volodímir Zelenski a detener los ataques con drones contra las refinerías rusas. La presión sobre Kiev llega en un contexto de crisis energética sin precedentes: el barril de crudo alcanzó los 108 dólares este lunes, el diésel en EE.UU. supera los 6 dólares el galón (1,37 euros el litro) y las reservas mundiales están en mínimos históricos por tres factores simultáneos: el cierre del estrecho de Bab el Mandeb por los hutíes en Yemen, los ataques ucranianos a infraestructuras rusas y la suspensión de exportaciones de diésel por parte de Moscú.
La estrategia de Trump, a menos de un mes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, busca desviar la atención de su gestión en política exterior. Sin embargo, sus declaraciones chocan con la realidad: los ataques ucranianos, lejos de ser el principal problema, son una respuesta a la invasión rusa de 2022 y a la ofensiva actual sobre ciudades como Lyman, en el Donbás, donde Ucrania ha recuperado territorio clave en las últimas semanas gracias al uso de drones y armas convencionales.
Zelenski ha respondido con cautela: aunque reconoce que Washington ha planteado una «firma propuesta» para suspender mutuamente los ataques a infraestructuras críticas, Ucrania solo aceptaría un alto el fuego si Rusia detiene primero sus misiles contra ciudades y redes energéticas. Mientras, Vladímir Putin ha rechazado cualquier negociación que no incluya la cesión de los territorios ocupados en el Donbás, manteniendo su ofensiva.
El precio del diésel en EE.UU. —clave para transporte, agricultura y logística— ha subido un 55% desde marzo, mientras la gasolina lo ha hecho un 40%. La crisis amenaza con agravar la inflación y afectar a la campaña de Trump, cuyo partido podría perder el control del Congreso según los sondeos.
El estrecho de Bab el Mandeb, controlado ahora por los hutíes, es una de las rutas petroleras más estratégicas del mundo: conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y, junto al estrecho de Ormuz, garantiza el 40% del tráfico marítimo global. Su cierre, sumado a los ataques ucranianos a refinerías rusas como la de Ryazan —inutilizada hace una semana—, ha reducido la capacidad de exportación de Moscú, que ahora importa diésel de la India.
La paradoja es que Trump, quien escaló el conflicto con Irán en 2020 y bloqueó cualquier diálogo con Teherán, ahora depende de una negociación con Irán para bajar los precios. Sin embargo, las conversaciones de paz en Ucrania y con Irán están paralizadas, y la Casa Blanca no ha logrado avances significativos. Mientras, los mercados reaccionan: el petróleo supera los 100 dólares por primera vez desde 2014, y los analistas advierten de que la combinación de guerras, bloqueos geopolíticos y especulación electoral podría prolongar la crisis.
¿Qué se juega Trump? Con las elecciones a la vuelta de la esquina, el presidente republicano enfrenta un dilema: si no logra bajar los precios antes del 3 de noviembre, el aumento del costo de vida —especialmente en sectores como el transporte y la agricultura— podría costarle el control del Congreso. Su estrategia actual, sin embargo, consiste en culpar a terceros (Ucrania, Irán) en lugar de asumir responsabilidad por sus propias decisiones, como el abandono del acuerdo nuclear con Irán en 2018 o el apoyo incondicional a Putin hasta 2022.
El contexto energético global explica por qué esta crisis es distinta a otras. Hasta 2022, el mercado del petróleo estaba dominado por la oferta y la demanda tradicional: Arabia Saudí, Rusia y otros productores ajustaban su producción según la cotización. Hoy, sin embargo, tres factores nuevos han alterado las reglas:
- La guerra en Ucrania: Los ataques ucranianos a infraestructuras rusas (refinerías, oleoductos) han reducido la capacidad de exportación de Moscú en un 40%, según datos de Reuters. Rusia, que antes era el segundo mayor exportador mundial de diésel, ahora importa el combustible de la India.
- El bloqueo de Yemen: El estrecho de Bab el Mandeb, controlado por los hutíes, es el segundo paso más transitado del mundo después del de Malaca. Su cierre ha obligado a los barcos a rodear África, añadiendo semanas al transporte y encareciendo el flete.
- La especulación electoral: Los fondos de inversión apuestan por un posible acuerdo entre EE.UU. e Irán para bajar los precios, lo que ha generado volatilidad en los mercados. Sin embargo, sin una solución política real, el efecto será temporal.
Mientras, Putin parece ignorar la gravedad de la situación. Aunque sus refinerías están siendo destruidas y sus exportaciones colapsan, el Kremlin sigue priorizando la guerra sobre la economía. Según fuentes cercanas a Zelenski, Putin confía en que EE.UU. presionará a Ucrania para que ceda, sin darse cuenta de que los drones ucranianos están paralizando su capacidad de producción.
¿Puede Trump cambiar el rumbo? A diferencia de otros presidentes en situaciones similares, Trump no tiene margen para maniobrar: su equipo (con figuras como Jared Kushner y Steve Witkoff) ha intentado mediar en Ucrania, pero sin éxito. Su única opción real sería forzar un alto el fuego en el Donbás, algo que Zelenski rechaza sin garantías de que Rusia detenga sus ataques. Mientras, el tiempo se agota: si los precios no bajan antes de noviembre, la inflación podría ser el principal tema de la campaña, y Trump no tiene un plan B.
La gran pregunta es si la urgencia electoral acelerará —por primera vez— una solución negociada. Hasta ahora, Trump ha priorizado el beneficio político inmediato (culpar a Ucrania) sobre una estrategia a largo plazo. Pero con los sondeos en contra y los mercados al borde del colapso, incluso él podría verse obligado a actuar.







