Ione Belarra lidera la lista autonómica y Pablo Fernández la municipal: dos ‘paracaidistas’ clave en una estrategia de supervivencia con solo 1-2 escaños en juego para Montero
Ione Belarra abandona su escaño en el Congreso por Navarra para encabezar la lista de Podemos a la Asamblea de Madrid, mientras Pablo Fernández, secretario de Organización del partido, se presenta como cabeza de lista al Ayuntamiento de la capital. La decisión, anunciada este miércoles, responde a una estrategia desesperada para evitar la desaparición total del partido en las elecciones generales de 2027, donde las encuestas sitúan a Irene Montero entre 1 y 2 escaños —o incluso cero—. Madrid se convierte así en la última trinchera de Podemos, un partido que ya ha desaparecido de las asambleas de Aragón, Castilla y León y Andalucía.
El movimiento, que desplaza a dos de sus tres máximos dirigentes nacionales a elecciones autonómicas y municipales, refleja el miedo a quedarse sin representación institucional. Belarra, hasta ahora líder parlamentaria en el Congreso, y Fernández, exprocurador en Castilla y León desde 2015, buscan escaños que Montero no podría garantizarles en una candidatura unificada con Sumar —o incluso en solitario—. La Asamblea de Madrid exige solo el 5% de los votos para obtener grupo parlamentario (unos 5 escaños), un umbral más accesible que el 3% en las generales. En el Ayuntamiento, Fernández compite directamente con Rita Maestre (Més Madrid) y la irrupción de Anticapitalistas, que le disputan el voto de la izquierda radical.
Podemos no apuesta por novatos: junto a Belarra en la lista autonómica figuran perfiles consolidados como Julio Rodríguez (ex Jemad) y Dina Bousselham, además del secretario de Comunicación, Ibon Uria. En el Ayuntamiento, Fernández integra a Serigne Mbayé (secretario de Antirracismo) y Marilyn dos Santos (secretaria de Feminismos). La estrategia evita riesgos: no saca a nuevos rostros del banquillo —como hizo con Alejandra Jacinto en 2023— ni asciende a dirigentes locales sin peso nacional. El objetivo es claro: salvar a sus líderes de la extinción política y económica.
El contexto es crítico. Las elecciones madrileñas de 2023 dejaron a Podemos fuera de la Asamblea por un margen mínimo (4,8% de los votos), un revés que ahora repiten en encuestas recientes. La diversificación de candidatos —Belarra en la Comunidad, Fernández en el Ayuntamiento— busca cubrir todas las opciones, pero el partido asume que su futuro depende de repetir el milagro de 2019: evitar que un puñado de votos decida su supervivencia. La pregunta es si Madrid, escenario de su fundación, será esta vez su salvación o su tumba.







