El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, confirma que Moscú no estudió ampliaciones en la cumbre de Nueva Delhi, pero respalda la aspiración de La Habana, mientras China e India presionan por una solución política al conflicto
Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, ha confirmado este lunes que Rusia apoya la incorporación de Cuba como miembro de pleno derecho de los BRICS, aunque el bloque no debatió formalmente ampliaciones durante la reciente cumbre en Nueva Delhi. La declaración, realizada durante su rueda de prensa diaria, marca un avance en las aspiraciones de La Habana, que desde 2024 ostenta el estatus de ‘socio’ del grupo, una categoría intermedia que le permite participar en cumbres y algunas iniciativas sin voto decisorio.
Peskov aclaró que la cuestión de la ampliación no se abordó en concreto durante la cumbre, pero subrayó que «Rusia apoya las aspiraciones de Cuba para sumarse al trabajo dentro del marco de los BRICS». Esta postura refuerza la estrategia del bloque, que desde 2024 utiliza la figura de los ‘socios’ —que incluye a Kazajistán, Malasia, Nigeria, Uganda, Uzbekistán, Vietnam, Tailandia, Bielorrusia, Bolivia y ahora Cuba— para integrar nuevos miembros sin dilatar el proceso de toma de decisiones en el núcleo del grupo.
El anuncio llega en un contexto geopolítico crítico, donde los BRICS —que agrupan actualmente a 11 miembros plenos (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Egipto, Etiopía, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí e Indonesia)— buscan consolidar su influencia como alternativa al orden liderado por Occidente. La categoría de ‘socio’ permite a países como Cuba acceder a reuniones ministeriales y proyectos conjuntos sin exigirles una alineación total con las posiciones del bloque, lo que facilita su acercamiento sin complicar los consensos internos.
El conflicto ucraniano como eje de presión
Durante la cumbre, el presidente ruso, Vladímir Putin, mantuvo reuniones con sus homólogos Xi Jinping (China) y Narendra Modi (India), donde el conflicto en Ucrania ocupó un lugar central. Según Peskov, ambos líderes «se interesaron mucho por el tema» y expresaron la disposición de sus países a contribuir con una solución política. Putin recibió «muy positivamente» estas señales, según el portavoz, quien añadió que «cualquier país puede ejercer su influencia en el régimen de Kiev para que se torne más flexible», lo que sería una aportación significativa a una resolución pacífica.
Esta mención indirecta a la presión sobre Kiev refleja la estrategia de los BRICS para movilizar a sus aliados en la escena internacional. Aunque el bloque no ha adoptado una postura unificada sobre la guerra —con India manteniendo una neutralidad formal y China evitando sanciones a Rusia—, el respaldo a Cuba y la referencia a la influencia sobre Ucrania sugieren un intento de expandir su red de influencia sin romper del todo con la diplomacia tradicional.
El estatus de ‘socio’: una puerta de entrada sin compromiso inmediato
La categoría de ‘socio’ fue creada en 2024, tras la mayor ampliación de los BRICS desde su fundación, cuando el grupo pasó de cinco a once miembros plenos. Este mecanismo permite a países como Cuba participar en cumbres y proyectos específicos sin exigirles una adhesión inmediata al núcleo decisorio. Para La Habana, este estatus es un primer paso hacia una membresía plena, que le daría mayor peso en un bloque que representa el 30% del PIB mundial y el 40% de la población global, según datos del propio foro.
La estrategia de los BRICS de integrar socios antes que miembros plenos responde a dos objetivos: por un lado, ampliar su alcance geopolítico sin saturar su estructura de toma de decisiones; por otro, ofrecer a gobiernos como el cubano un acceso gradual a una red que incluye a potencias como China y Rusia, sin exigirles una adhesión incondicional a sus posturas. Este enfoque contrasta con el modelo de la OTAN o la UE, donde la membresía plena implica compromisos políticos y militares más estrictos.
Implicaciones para la diplomacia global
El respaldo ruso a Cuba y la mención a la influencia sobre Ucrania durante la cumbre de Nueva Delhi tienen implicaciones directas en tres frentes: la expansión del bloque, la guerra en Europa del Este y la competencia con Occidente. En primer lugar, la posible incorporación de Cuba reforzaría el peso de los BRICS en América Latina, una región donde Estados Unidos ha perdido influencia en la última década. Para La Habana, la membresía plena supondría un respaldo económico y político crucial en un contexto de crisis interna y aislamiento parcial.
En segundo lugar, la referencia a la presión sobre Kiev —aunque formulada de manera indirecta— subraya el papel de los BRICS como plataforma para coordinar posturas críticas con la narrativa occidental sobre el conflicto. Aunque India y China no han reconocido la anexión de territorios ucranianos por parte de Rusia, su disposición a «ofrecer aportaciones» a una solución política abre la puerta a un escenario donde el bloque pueda actuar como mediador informal, incluso si no logra un consenso interno.
Finalmente, el avance de Cuba refleja la capacidad de los BRICS para atraer a gobiernos con agendas divergentes. Mientras Rusia busca aliados para contrarrestar las sanciones occidentales, China prioriza la expansión comercial, y India mantiene una línea equilibrada, el bloque ofrece un espacio donde países como Cuba pueden alinearse parcialmente sin romper con sus socios tradicionales. Este modelo de integración gradual contrasta con la estrategia de la UE o la OTAN, donde la adhesión plena exige compromisos más rígidos.
Para los analistas, el respaldo a Cuba y las declaraciones sobre Ucrania son señales de que los BRICS buscan consolidarse como un actor clave en la diplomacia global, incluso sin una postura unificada. La cumbre de Nueva Delhi, aunque no abordó formalmente ampliaciones, dejó claro que el bloque está abierto a incorporar nuevos miembros —como Cuba— y a explorar vías de influencia en conflictos como el de Ucrania, donde su papel sigue siendo ambiguo pero creciente.







