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Lun. Sep 14th, 2026
Lula liga su reelección a la soberanía energética
Wikimedia Commons (Janja Lula da Silva)
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El candidato del PT alerta de que su derrota beneficiaría a empresas estadounidenses en la explotación de petróleo y minerales críticos, mientras Bolsonaro hijo gana terreno en las encuestas

Luiz Inácio Lula da Silva (PT) ha vinculado su candidatura a la reelección presidencial en Brasil a la defensa de la soberanía sobre las reservas energéticas y minerales del país, acusando este domingo a Estados Unidos de replicar en Brasil el modelo de explotación de recursos naturales que ya aplicó en Venezuela. En un directo en redes sociales, el presidente brasileño, de 80 años, advirtió que su derrota en los comicios del 4 de octubre dejaría las riquezas del país en manos de empresas estadounidenses, siguiendo el ejemplo del acuerdo entre el Gobierno de Delcy Rodríguez (presidenta encargada de Venezuela) y la Administración de Donald Trump, que permite a una compañía con participación del Pentágono (35%) explotar el 20% de las reservas de crudo venezolanas.

Lula, que busca su cuarto mandato no consecutivo, cuestionó directamente el futuro energético de Brasil: *»¿Un país en el cual el petróleo sea nuestro o uno en el que pase lo que pasó en Venezuela?»*, preguntó a sus seguidores. El líder progresista también extendió su crítica a los minerales estratégicos, como las «tierras raras», y advirtió contra la llegada de empresas estadounidenses para su explotación, subrayando que su gobierno garantizaría que «solo el pueblo brasileño» sea el dueño de esos recursos.

La movilización del PT en 26 de los 27 estados brasileños, con 1.120 actividades registradas este domingo, buscó reactivar el apoyo a Lula en un momento crítico: según el último sondeo de Datafolha (13/09/2026), el presidente lidera con un 39% de intención de voto, pero solo por cuatro puntos sobre Flávio Bolsonaro (hijo del expresidente Jair Bolsonaro), su principal rival. Ambos candidatos aparecen técnicamente empatados en una eventual segunda vuelta.

El discurso de Lula se enmarca en una estrategia de polarización sobre la gestión de recursos naturales, un tema clave en la campaña. Mientras el PT defiende la nacionalización de la explotación, la oposición —representada por Bolsonaro hijo— ha criticado las políticas energéticas de Lula, acusándolas de ineficientes y de favorecer a empresas estatales como Petrobras. La referencia a Venezuela, donde el acuerdo con Trump ha sido duramente criticado por la izquierda latinoamericana, busca presentar a Bolsonaro como un aliado de intereses extranjeros.

El contexto: cómo el petróleo y las tierras raras definen la campaña

Brasil alberga el 12% de las reservas mundiales de petróleo y es el segundo mayor productor de minerales críticos para tecnologías verdes, como el litio y el cobre. Desde 2023, el Gobierno de Lula ha impulsado leyes para limitar la explotación extranjera en estos sectores, como la Ley de Minería (aprobada en 2024), que obliga a las empresas a ceder el 30% de la propiedad de los yacimientos a empresas brasileñas. Esta medida, sin embargo, ha generado tensiones con inversores internacionales, especialmente estadounidenses y chinos, que ven limitadas sus oportunidades en un mercado con alto potencial.

La alusión de Lula a Venezuela no es casual: el acuerdo entre Caracas y Washington, anunciado en marzo de 2024, permitió a una empresa conjunta —con participación de la United States Oil Company (USOC), vinculada al Pentágono— explotar 600 millones de barriles de crudo a cambio de inversiones en infraestructura. El PT ha calificado este pacto como un «saqueo» y ha advertido de que un gobierno de Bolsonaro repetiría el modelo, especialmente en la región amazónica, donde se concentran grandes reservas de petróleo y minerales.

Para los analistas, el debate sobre la soberanía energética refleja una división más amplia en la campaña: mientras Lula apela al nacionalismo económico y a la protección de los recursos naturales, Bolsonaro hijo —que heredó el discurso liberal de su padre— promete atraer más inversión extranjera, incluso a costa de ceder participación en yacimientos. El sondeo de Datafolha refleja esta polarización: el 62% de los votantes de Lula considera «prioritario» mantener el control estatal sobre el petróleo, frente al 38% de los seguidores de Bolsonaro, que prefieren abrir el sector a empresas privadas.

Las implicaciones: ¿puede Lula recuperar la ventaja?

El declive de Lula en las encuestas —que en julio lo situaban con un 45%— coincide con el auge de Bolsonaro hijo, quien ha capitalizado el descontento con la inflación y la percepción de corrupción en el Gobierno. Sin embargo, el PT aún cuenta con ventajas estructurales: el apoyo de las clases trabajadoras (que representan el 52% del electorado) y la fragmentación de la oposición, donde figuras como Ciro Gomes (PDT) y Simone Tebet (MDB) han perdido relevancia.

La movilización de este domingo, con actos en ciudades como São Paulo, Río de Janeiro y Brasilia, buscó contrarrestar el efecto de un escándalo reciente: la revelación de que el Gobierno de Lula habría destinado fondos públicos a campañas de apoyo a su candidatura, algo prohibido por la ley electoral brasileña. Aunque el Tribunal Superior Electoral (TSE) aún no ha abierto una investigación formal, el caso ha dañado la imagen de transparencia del PT.

Mientras, Bolsonaro hijo ha intensificado su ataque a las políticas energéticas de Lula, acusándolo de «ahogar» a Petrobras con regulaciones y de no aprovechar el boom de precios del petróleo en los mercados internacionales. El candidato de la oposición ha prometido flexibilizar las normas para atraer a gigantes como Chevron y ExxonMobil, una estrategia que podría atraer a votantes moderados, pero que también ha generado rechazo en sectores tradicionalmente aliados al PT, como los sindicatos de trabajadores petroleros.

El próximo desafío para Lula será consolidar su discurso en los estados clave: São Paulo (donde Bolsonaro hijo lidera por 10 puntos) y Minas Gerais (tradicionalmente progresista). Si no logra revertir la tendencia en las próximas semanas, el 4 de octubre podría repetir el escenario de 2018, cuando Bolsonaro padre ganó en segunda vuelta con un margen ajustado. En ese caso, la explotación de recursos naturales —y la relación con Estados Unidos— sería el principal legado de su mandato.

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