La estrategia de Ferraz busca que el PP gobierne con un socio hipertrofiado que dinamite la coalición desde dentro
El PSOE ha diseñado una estrategia para gestionar su derrota electoral: convertir a Vox en un socio de gobierno tan potente que acabe dinamitando la coalición de derechas desde dentro. La idea, gestada en Ferraz, parte de la premisa de que el PP no podrá gobernar en solitario y que el cambio de gobierno será inevitable, por lo que el partido opta por «administrar la derrota» para que el próximo Ejecutivo sea lo más inestable posible.
La maniobra se basa en la teoría del «enemigo bicéfalo», que equipara al PP y a Vox como una misma fuerza política. Según este relato, al disolver el estigma de la extrema derecha, se incentivaría a los votantes conservadores a optar por el «original» (Vox) en lugar de la «copia» (PP), lo que aumentaría la representación parlamentaria del primero hasta los 60 o 70 escaños, en lugar de los 40 que obtendría en un escenario normalizado.
El plan tiene dos fases: la primera, que Vox exija cuotas de poder desproporcionadas dentro del Gobierno, generando tensiones internas que provoquen su ruptura antes de la mitad de la legislatura. La segunda, que el nacionalpopulismo gobierne con políticas radicales para que el electorado moderado, tras experimentar sus consecuencias, vuelva al PSOE. Sin embargo, esta estrategia ignora precedentes como el de Extremadura, donde la ruptura de la coalición PP-Vox terminó con el partido popular resistiendo y el PSOE obteniendo su peor resultado histórico.
Mientras, el PSOE sigue perdiendo apoyo entre sus votantes moderados, que han optado por el abstencionismo activo como protesta. El partido socialdemócrata acumula ocho años sin un proyecto claro ni liderazgo, y sin abordar la pérdida de casi dos millones de votantes que, según el análisis, son clave para formar un gobierno de izquierdas sin depender de formaciones nacionalistas o independentistas.
El contexto de los últimos seis meses, marcado por vendavales judiciales, crisis nacionales y portadas apocalípticas, ha reforzado la percepción de que el PP no puede gobernar en solitario. La figura de Feijóo, que durante las negociaciones autonómicas se mostró reacio a ceder terreno a Abascal, se ha convertido en un símbolo de la fragilidad del partido. Esta situación ha llevado al PSOE a considerar que la única vía para asegurar un gobierno de izquierdas es forzar la inestabilidad interna del PP, aprovechando la tensión entre Feijóo y Abascal para que la coalición se desmorone antes de que la legislatura alcance su mitad.
Fuente: The Objective







