Expertos vinculan el desempleo juvenil en Marruecos con la vulnerabilidad a redes de tráfico, pero discrepan sobre si es causa directa o factor de riesgo
Más de 1,5 millones de jóvenes marroquíes de entre 15 y 24 años, el 25 % de ese grupo de edad, se encuentran sin empleo, educación ni formación, según datos de la Alta Comisión de Planificación de Marruecos. Esta situación, que afecta al 39 % de la población juvenil del país, ha cobrado relevancia tras los recientes intentos de entrada irregular en Ceuta y Melilla, donde testimonios vinculan la desesperanza laboral con la decisión de emigrar.
Abdelhamid Jamour, investigador en inmigración y desarrollo Sur-Sur, matiza que la exclusión social no genera migración automática, pero sí aumenta la vulnerabilidad. En declaraciones a Hespress, explicó que la falta de oportunidades, combinada con la sensación de desesperanza y la desconfianza en el futuro, eleva la probabilidad de que los jóvenes consideren emigrar, especialmente cuando redes sociales o grupos organizados promueven salidas fáciles. No produce inmigración por sí sola, pero crea un entorno propicio, señaló.
Youssef Karawi El Fililí, director del Centro Marroquí de Gobernanza y Gestión, defiende una relación más directa entre el desempleo juvenil y la migración irregular. Según él, los jóvenes sin formación son carne de cañón para redes de tráfico que facilitan cruces fronterizos, como los registrados en Ceuta. Testimonios recogidos tras los intentos de entrada revelan que muchos carecían de orientación profesional o académica, lo que agrava su percepción de falta de futuro.
La Alta Comisión de Planificación marroquí ya había alertado sobre este colectivo, denominado «nini» (ni estudia ni trabaja), que representa un desafío estructural para el país. Aunque Marruecos ha impulsado programas de formación profesional, su impacto no ha logrado reducir significativamente la cifra de jóvenes en esta situación, que se mantiene estable desde hace años.
En España, la crisis migratoria en las ciudades autónomas ha reabierto el debate sobre la gestión de fronteras y la cooperación con Marruecos. Mientras el Gobierno central prioriza acuerdos bilaterales para frenar los flujos, organizaciones como CEAR exigen abordar las causas socioeconómicas que impulsan la migración, más allá de medidas de seguridad.
Fuente: La Razón







