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La avalancha de Ceuta deja 67 muertos y 60.000 cruces: los análisis apuntan a que Marruecos perdió el control

La avalancha de Ceuta deja 67 muertos y 60.000 cruces: los análisis apuntan a que Marruecos perdió el control
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Las fuentes de seguridad consultadas creen que Rabat permitió las primeras llegadas para mostrar su poder, pero el efecto llamada masivo desbordó su estrategia.

La crisis migratoria en Ceuta se ha cobrado al menos 67 vidas y ha provocado el cruce de hasta 60.000 personas en poco más de 24 horas, según las cifras que manejan las autoridades. Los primeros análisis de las fuentes de seguridad consultadas apuntan a que Marruecos, que inicialmente habría permitido las primeras llegadas para demostrar su control sobre el flujo migratorio, acabó viendo cómo la situación se le escapaba de las manos.

El detonante, según estas fuentes, fue la sentencia del Tribunal Supremo que hace tres semanas determinó que no se podían realizar devoluciones en caliente de quienes llegaban sin sortear fronteras físicas. La noticia se viralizó entre la juventud marroquí a través de grupos en redes sociales como Facebook o Telegram, y comenzaron a avanzar hacia la frontera. Marruecos, consciente de ello, habría permitido un par de noches con algo más de un centenar de cruces, pero no previó lo que los expertos denominan un «efecto llamada masivo».

Las cifras oficiales difieren según la fuente: el Gobierno central habla de unos 50.000 cruces, mientras que las autoridades de Ceuta elevan la cifra a 60.000. A las seis de la tarde del viernes, según Moncloa, 48.300 personas ya habían regresado a Marruecos y 57 habían muerto durante la travesía; este sábado los cadáveres recuperados ascienden a 67. La ciudad autónoma, de 18 kilómetros cuadrados, había visto durante todo el verano un goteo constante de ocho, nueve o diez personas diarias por el cruce de El Tarajal.

Las fuentes consultadas describen la actuación del reino alauita como «torticera» y señalan que, cuando ambos países tomaron conciencia de la gravedad, la orden fue cerrar la frontera «pero con calma». A esa pasividad se sumaron dos problemas internos de Marruecos: la corrupción y la pobreza. Una de las fuentes resume la actitud de la Gendarmería, capaz de «mirar para otro lado» de manera «voluntaria» si no hay una orden contraria, con la frase: «Encontraron la mecha en la sentencia del Supremo, vieron que estaban pasando y dijeron: no vamos a hacer nada».

Fuente: El Mundo

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