El líder del PP vincula su proyecto a recuperar símbolos comunes y un Estado que funcione, con Ceuta como ejemplo de lo que falla en política exterior
Alberto Núñez Feijóo ha convertido la clausura del Campus FAES 2026 en un discurso de campaña anticipada, donde no solo anunció su intención de destituir a Pedro Sánchez, sino que dibujó un proyecto de país basado en ‘renovar el contrato social’ que, según él, se rompió en los últimos años. Ante José María Aznar —quien lo presentó como ‘el próximo presidente del Gobierno’—, Feijóo vinculó su propuesta a recuperar elementos como ‘símbolos comunes’, ‘leyes firmes’ y ‘órganos independientes’, y advirtió que el cambio no se limita a un relevo en la Moncloa, sino a transformar el funcionamiento de las instituciones.
Su diagnóstico incluye un Estado que ‘no funciona’: sanidad colapsada, vivienda inaccesible, transporte deficiente y una deuda pública que asfixia. Feijóo propuso ‘ayudas que levanten, no que generen dependencia’ y una política migratoria basada en la contribución económica y el cumplimiento de la ley: ‘El que delinque, es expulsado’. En política exterior, usó la crisis de Ceuta como ejemplo de lo que considera una gestión fallida, reclamando un Gobierno que ‘defienda a los ciudadanos’ y evite ‘una nación subordinada’.
El mensaje, respaldado por Aznar —quien exigió ‘hombres de Estado, no charlatanes’—, busca posicionar al PP como alternativa no solo al Gobierno actual, sino al sistema político en su conjunto. Feijóo evitó mencionar fechas electorales, pero su discurso ya anticipa el relato para el próximo ciclo: un proyecto que combine reforma institucional con un discurso de recuperación nacional, donde la confianza ciudadana y la eficacia administrativa sean ejes centrales.
El Campus FAES, think tank vinculado al PP, ha sido escenario clave en los últimos años para definir estrategias del partido. En esta edición, Feijóo no solo presentó su hoja de ruta, sino que consolidó su imagen como líder capaz de articular una alternativa global —económica, social y exterior— frente al Gobierno de coalición. Su referencia a ‘los responsables políticos que asuman consecuencias’ apunta también a un tono más duro en la gestión de las instituciones, algo que podría chocar con el actual equilibrio de poderes.
El discurso, de más de 40 minutos, evitó detalles concretos sobre cómo lograr sus objetivos, pero reforzó su narrativa de ‘cambio radical’. La mención a Ceuta como símbolo de una política exterior débil subraya la apuesta por un giro en la gestión de fronteras, un tema que podría ganar peso en la campaña. Mientras, la defensa de ‘leyes firmes’ y ‘jueces independientes’ sugiere un enfrentamiento con el actual modelo de justicia y fiscalía, áreas donde el Gobierno ha impulsado reformas recientes.



