La exvicepresidenta de la Generalitat lideró negociaciones clave con el Gobierno central y la Casa Real durante los indultos y la amnistía
Laura Viagra, exvicepresidenta de la Generalitat (2021-2024) y exconsellera de Presidència, ha abandonado la primera línea política tras la derrota electoral de ERC para asumir la gerencia del Consell Comarcal del Bages, cargo desde el que evita opinar sobre la actualidad independentista.
Viagra gestionó durante su mandato algunos de los momentos más críticos del Govern de Pere Aragonès, incluyendo las negociaciones con el Gobierno central para los indultos a los líderes del ‘procés’, la derogación del delito de sedición y la posterior amnistía. Su despacho centralizó también la respuesta a la pandemia, la fallida candidatura olímpica de invierno y la ruptura de la coalición con Junts, que definió como un divorcio. En una conversación con el Rey Felipe VI en 2021, le transmitió la tensión por los 3.000 represaliados del independentismo, un encuentro que calificó de tenso pero revelador de la alineación de la Casa Real con las políticas de Pedro Sánchez.
La exconsellera destacó el coste personal de su etapa política, marcada por horarios «interminables», ataques en redes sociales y el impacto en su familia. Su hija menor sufrió crisis de ansiedad durante sus ausencias, lo que la llevó a llevarla en ocasiones al Palau de la Generalitat. Viagra, que perdió a una de sus hijas durante un embarazo múltiple mientras era alcaldesa de Santpedor (2003-2015), vinculó estos problemas de salud a la presión del cargo. Actualmente, cursa un máster en recursos humanos con especialización en salud mental laboral.
Aunque ya no milita activamente en ERC, respalda la presión del partido para mejorar la financiación autonómica, un tema que ya negoció como consellera. «Sin más recursos, ningún gobierno saldrá adelante», advirtió, citando las protestas de profesores y sanitarios como síntomas de un sistema «al límite». Viagra apoyó en 2024 la candidatura interna que desafió a Oriol Junqueras, aunque aseguró no guardar rencor y desear aciertos tanto a ERC como a Junts y la CUP.
Su salida de la política activa coincide con un momento de reflexión sobre la «crueldad» y «deshumanización» del oficio, aunque mantiene su convicción independentista. Rechaza ser tertuliana por considerar injusto opinar desde la barrera tras haber ejercido el poder, y prefiere centrarse en la gestión local y su vida familiar.
Fuente: El Periódico (Política)







