El Consell reclama incluirla en el DORA 2027-2031, que prevé ampliar terminal y puertas, y exige una auditoría de la torre actual
Adolfo Vilafranca, presidente del Consell Insular de Menorca, ha reunido este jueves a sindicatos del sector aéreo para exigir a Aena que incluya en el Documento de Regulación Aeroportuaria 2027-2031 (DORA III) la construcción de una torre de control física, una demanda que el Gobierno insular reclama desde 2023 y que el plan actual no contempla.
En la reunión participaron representantes de USCA, CCOO y del sindicato de Aena, que coincidieron en que las inversiones previstas, como ampliar la terminal o aumentar posiciones de estacionamiento de aeronaves, deben responder a las necesidades reales de Menorca, especialmente en seguridad y calidad de servicio para residentes. Vilafranca criticó que se planteen inversiones para aumentar la capacidad del aeropuerto mientras no se responde a la demanda de una nueva torre de control física.
El Consell Insular aprobó por unanimidad en febrero de 2023 instar a Aena a paralizar la torre virtual y construir una física, y reiteró la petición en junio de 2024 y febrero de 2026, vinculándola al DORA III. Sin embargo, el plan de Aena no incluye esta infraestructura, pese a que los sindicatos y el Gobierno insular la consideran prioritaria para seguridad y equilibrar el modelo turístico.
La tensión escaló esta semana: Vilafranca envió una carta al presidente de Aena, Maurici Lucena, para denunciar que Menorca no participó en la definición del DORA III. Los sindicatos expresaron su preocupación por el estado de la torre actual. La reunión refleja un conflicto institucional entre las competencias de Aena —gestión aeroportuaria— y las políticas del Consell Insular, que busca desacoplar el crecimiento turístico del aumento de infraestructuras.
El DORA III contempla ampliar la zona de facturación, aumentar puertas de embarque y mejorar el tratamiento de equipajes, pero no incluye la torre física, que el Consell Insular considera prioritaria para la seguridad. La isla, con 100.000 habitantes, registra 3,5 millones de turistas anuales, una presión que el Gobierno insular intenta mitigar con limitaciones al tráfico rodado y promoción de turismo de calidad.







