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Mié. Sep 30th, 2026

La UE aprueba en derechos civiles (6,3) y se hunde en inmigración (2,9)

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El ElectoPanel da a la Unión Europea un 5,6 como institución, con 3,4 puntos de diferencia entre su mejor y su peor política y un desglose por voto que ordena las áreas casi igual en todos los electorados.

La Unión Europea obtiene un 5,6 sobre 10 como institución entre los encuestados del ElectoPanel, pero esa media esconde una dispersión de 3,4 puntos entre sus políticas mejor y peor valoradas. Los derechos civiles son el activo más sólido, con un 6,3, y la economía y la fiscalidad se quedan en un 4,8. La defensa y la seguridad bajan al 4,0. El desplome llega con la inmigración: un 2,9, más de un punto por debajo de la siguiente área peor puntuada.

El sondeo, realizado entre el 13 y el 20 de septiembre de 2026 con 1.012 cuestionarios y un margen de error del ±2,8%, pidió una nota de 0 a 10 para la institución y para cuatro de sus políticas. Solo dos apartados superan el cinco. La distancia entre el 6,3 de derechos civiles y el 2,9 de inmigración dibuja un perfil que se repite con constancia en el desglose por recuerdo de voto.

En diecisiete de los veintitrés electorados analizados los derechos civiles son la nota más alta. En diecinueve, la inmigración es la más baja o empata en el último puesto. Ocurre en el PSOE y en el PP, en Vox y en Podemos, entre los abstencionistas y entre quienes votaron en blanco. El desacuerdo entre electorados no está en el diagnóstico, sino en el nivel: todos ordenan las áreas casi igual, pero unos lo hacen alrededor del notable y otros alrededor del suspenso.

El PNV saca un 9,5 a la UE y Vox se queda en un 2,7

El electorado del PNV es el más europeísta con diferencia: un 9,5 a la institución y un 8,8 a su gestión económica, valoraciones que ningún otro grupo se acerca a igualar. En el lado opuesto, Vox se queda en un 2,7 institucional y firma el peor dato de toda la tabla en inmigración, un 0,6. UPN registra el mínimo institucional, un 1,5, y SALF un 0,8.

Entre medias aparece un euroescepticismo de izquierda con otro objeto. Podemos puntúa la gestión económica de la UE con un 3,2 y EH Bildu con un 2,8, por debajo del 5,0 que le concede el electorado del PP. El BNG se queda en 4,3. Son grupos que no cuestionan a la Unión donde lo hace la derecha —sus notas en derechos civiles siguen siendo las más altas de su propia serie— sino en el terreno económico y fiscal.

La polarización partidista no afecta por igual a todos los temas. Se concentra en la inmigración y se disuelve en los derechos civiles. Los votantes del PSOE y del PP se separan 1,6 puntos al juzgar a la UE en inmigración y apenas 0,3 al juzgarla en derechos civiles. Esa jerarquía compartida convive con niveles muy distintos de valoración global.

Una media baja que no aclara el sentido de la crítica

El 2,9 en inmigración admite lecturas opuestas. Una media baja no informa de la dirección de la crítica: puede recoger a quien considera que la Unión no controla sus fronteras y a quien le reprocha exactamente lo contrario. Ambos empujan la cifra hacia abajo. El dato, por tanto, mide intensidad del descontento, no su signo.

La ficha técnica precisa que las notas por recuerdo de voto corresponden a submuestras de tamaño desigual. Las de los partidos con menor representación tienen un margen de error amplio y deben leerse como tendencia, no como estimación precisa. El trabajo de campo se realizó mediante cuestionario online asistido por ordenador, con un 60% de panelistas fijos y cuotas por territorio, sexo, edad, formación e interés político.

El apoyo a la Unión como proyecto se sostiene sobre el terreno de los derechos, que funciona como suelo común incluso para quienes suspenden todo lo demás. El desgaste se concentra en el migratorio, donde la nota es tan baja y tan transversal que deja de distinguir entre bloques. Que ambos extremos convivan en el mismo electorado explica por qué las discusiones europeas se ganan o se pierden según cuál de los cinco terrenos acabe ocupando el centro del debate.

El propio diseño del ElectoPanel ayuda a entender por qué el bloque europeo se comporta así. Al trocear la pregunta en cinco terrenos en lugar de pedir una valoración única, el sondeo evita que la opinión sobre la Unión quede atrapada en una etiqueta ideológica y obliga al panelista a pronunciarse sobre políticas concretas. Ese formato es el que permite comprobar que la jerarquía de áreas se mantiene incluso entre electorados que, en términos generales, se sitúan en extremos opuestos de la escala. La coincidencia no se produce porque todos valoren igual a la Unión, sino porque todos coinciden en qué hace mejor y qué hace peor.

El desglose también muestra que la distancia entre el bloque más europeísta y el más crítico es mucho mayor en la valoración institucional que en la ordenación de las políticas. Mientras el PNV concede un 9,5 a la institución y Vox un 2,7, la brecha se estrecha cuando se pregunta por derechos civiles, donde incluso los electorados más duros mantienen sus mejores notas. Esa asimetría sugiere que el voto europeo se articula hoy más en torno a la confianza general en el proyecto que en torno a un desacuerdo real sobre sus políticas concretas.

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