El Instituto Nacional de Salud Pública eleva a 7.773 los contagios confirmados, con una letalidad del 48,4% y afectando a siete provincias del este del país
El brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) ha alcanzado los **7.773 casos confirmados** y **3.759 fallecidos**, según el último boletín epidemiológico del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP). Con una tasa de letalidad del **48,4%** —la más alta registrada en el país desde que se identificó el virus en 1976—, este episodio supera en mortalidad a todos los brotes anteriores y se ha extendido a **7 provincias** y **63 zonas sanitarias** del este congoleño.
Las cifras, publicadas este miércoles, reflejan un avance acelerado desde que se declaró el brote a mediados de mayo. Hasta ahora, **1.935 personas se han recuperado**, mientras que el **84,5%** de los contactos de los infectados han sido rastreados, una tasa considerada crítica por los expertos. Las provincias más afectadas son Ituri, Tibú Norte y Tibú Sur, epicentros históricos de la enfermedad en la región.
El INSP destaca que este brote, el **más mortífero en la historia de la RDC**, ha superado en víctimas a los registrados en 2018-2020 (2.280 muertos) y en 2021-2022 (1.240). La tasa de letalidad actual —casi la mitad de los infectados— contrasta con el brote de Kasai, declarado controlado en diciembre de 2025, que dejó 1.321 muertos con una letalidad del 33,6%.
RDC, el país con más experiencia mundial en ébola
La RDC acumula **más de una docena de brotes** desde 1976, cuando el virus fue identificado por primera vez en la localidad de Yambú, junto al río Ébola. Este historial le ha valido el reconocimiento internacional como el país con mayor experiencia en manejo de la enfermedad, aunque los datos actuales revelan desafíos persistentes: la letalidad del 48,4% supera el promedio histórico del 50% en brotes previos, según registros de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
¿Por qué este brote es diferente?
Mientras otros brotes se concentraron en zonas rurales o fronterizas, este afecta a **áreas urbanas densamente pobladas**, como Butembo y Beni (Tibú Norte), donde la movilidad humana y la desconfianza hacia las campañas de vacunación han dificultado el control. Además, la inestabilidad política en la región —con grupos armados activos en Ituri y Tibú— ha limitado el acceso de equipos médicos a zonas clave. La OMS ha advertido que la falta de financiación internacional agrava la crisis: en 2025, solo el 40% del presupuesto necesario para responder al brote fue cubierto.
El INSP no ha confirmado aún si el brote actual está vinculado a cepas anteriores, aunque análisis preliminares sugieren una variante similar a la detectada en 2018. Mientras, la RDC mantiene su estrategia de vacunación con la dosis experimental **rVSV-ZEBOV**, desarrollada durante el brote de 2014-2016, que ha demostrado una eficacia del 97,5% en ensayos clínicos. Sin embargo, la distribución ha sido lenta: hasta la fecha, solo **120.000 dosis** han llegado a las zonas más afectadas, frente a los 300.000 solicitados.






