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Ceuta – la comunidad hindú alerta de violencia si no se respeta la Constitución

Illa reclama solidaridad autonómica y vincula migración con la crisis de Ceuta en Mérida
Xemenendura (CC BY-SA 3.0, Wikimedia Commons)
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Ramesh Chandiramani, presidente de la comunidad, advierte de un posible giro hacia la confrontación tras décadas de convivencia pacífica con musulmanes, judíos y cristianos

La comunidad hindú de Ceuta, con 720 personas y 180 familias, ha roto su silencio histórico para advertir de un posible escalado violento si el Gobierno no actúa con transparencia en la crisis migratoria. Ramesh Chandiramani, presidente de la comunidad y nacido en el enclave hace 73 años, vinculó la tensión actual con los traumas de su familia: sus padres huyeron de la partición de Pakistán en 1947 y se asentaron en Ceuta tras el éxodo de Tánger en 1956, cuando el enclave pasó a control marroquí.

Chandiramani, que preside una comunidad con raíces comerciales en el puerto franco de Ceuta, comparó la ansiedad actual con la de 1947, aunque matizó que «tenemos la Constitución y vamos a pelear por su respeto». La comunidad, que incluye a Kissy Chandiramani —primera diputada hindú del Congreso en 2019—, denunció la falta de información oficial: «¿Qué tienen negociado con Marruecos? Mi temor es que nos volvamos violentos», advirtió el presidente, quien recordó que Ceuta es «la España de dentro de cuarenta años» por su diversidad religiosa (45% musulmanes, además de judíos e hindúes).

La comunidad hindú, que en los años 50-60 impulsó el comercio en Ceuta con productos de Japón, Reino Unido y vehículos de lujo para militares, ahora ve amenazado su futuro. Kissy Chandiramani, consejera de Hacienda del enclave, ironizó sobre la comparación con la crisis de 2019: «Solo fui diputada 19 días, como ahora con los Presupuestos». Ambos rechazaron marcharse: «Nadie se quiere ir de aquí», afirmó Chandiramani, mientras su hija recordó la frase de un histórico restaurante ceutí: *»De Ceuta habrá que irse el día en que los hindúes hagan las maletas»*.

El contexto histórico es clave: la comunidad sindi (origen de los Chandiramani) llegó a Ceuta tras ser desplazados por la partición de Pakistán y la independencia de Marruecos. Hoy, su temor es que la crisis migratoria —con 70.000 personas en tránsito según datos recientes— repita patrones de violencia étnica, como ocurrió en 1947. «Marruecos es un país próspero, pero no ha dado trabajo a su pueblo», analizó Chandiramani, quien vinculó la tensión actual con «políticas expansionistas» basadas en frustraciones económicas.

La advertencia llega en un momento crítico: el Gobierno enfrenta acusaciones de opacidad en las negociaciones con Rabat, mientras la oposición —PP y Vox— exige mayor control sobre la frontera. La comunidad hindú, tradicionalmente neutral, ha roto su reserva para exigir claridad: «No nos mientan», reclamó Chandiramani, quien subrayó que Ceuta «aportaba dinero a las arcas del Estado» en el pasado gracias a su modelo comercial. Ahora, su futuro depende de evitar que la crisis migratoria derive en conflictos internos.

Sigue la cobertura: Sánchez y Feijóo chocan en el Congreso por Ceuta y la ‘ley de nietos’

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