La eurodiputada de Podemos, excluida en las listas del 23J, compite por un espacio fracturado y sin alianzas consolidadas
Irene Montero, eurodiputada de Podemos y excluida de las listas electorales del 23J, ha anunciado su intención de liderar un espacio de izquierda alternativa para las elecciones de 2027. Lo hace en un contexto de parálisis total: ni candidato, ni marca común ni alianzas territoriales definidas tras la ruptura interna que siguió al inicio de la legislatura.
Montero se presenta como alternativa en un escenario donde el resto de formaciones de izquierda —desde Sumar hasta Podemos en las CCAA— regresan de las vacaciones sin consensos. La fractura del espacio, ya visible desde su creación, se agravó tras el 23J, cuando la exclusión de figuras como ella dejó al descubierto las divisiones internas. Ahora, su anuncio plantea una pregunta clave: ¿logrará unificar a un sector que ni siquiera ha logrado ponerse de acuerdo en cómo competir?
El desafío no es solo ideológico, sino logístico. Las alianzas territoriales —clave para ganar peso en 2027— siguen sin materializarse. Mientras, Podemos en el Congreso y las comunidades autónomas actúa de forma independiente, y Sumar (la marca que agrupa a sectores de la izquierda) no ha logrado consolidar una estrategia unificada. La ausencia de un candidato común refleja una izquierda dividida entre quienes apuestan por la unidad bajo una marca y quienes, como Montero, buscan liderar desde fuera de las estructuras tradicionales.
El contexto político añade presión: con el PSOE en declive y el PP como principal alternativa, la izquierda debe decidir si prioriza la unidad interna o la competencia por el voto progresista. La apuesta de Montero, sin embargo, choca con un dato objetivo: en las elecciones europeas, el espacio perdió más de 10 puntos respecto a 2019, y su fragmentación dificulta cualquier estrategia de recuperación.
Lo que está en juego no es solo el liderazgo de Montero, sino la supervivencia de un proyecto que, sin consenso territorial, podría repetir el fracaso del 23J: dividido, sin mensaje claro y sin capacidad para sumar votos más allá de sus bases tradicionales.







