El 64,5% de la población muestra alta preocupación por desinformación, mientras el 37,4% la emplea para entretenimiento y el 25,6% en su trabajo
El 64,5% de los españoles —dos tercios de la población— se declara «muy o bastante preocupado» porque la inteligencia artificial (IA) genere y difunda información falsa, según un estudio del Instituto DYM realizado entre el 15 y el 18 de enero de 2026 con 1.000 entrevistas. La encuesta, parte del informe global WIN Worldwide Survey, refleja que el miedo a los bulos supera incluso al uso cotidiano de estas tecnologías: uno de cada tres españoles (37,4%) las emplea a diario para fines personales, principalmente para entretenimiento (44,9%) o creación de contenido (28%).
El temor a la desinformación no es el único. El 61,9% de los encuestados también muestra preocupación por el mal uso de sus datos personales por parte de plataformas de IA, mientras que el 56,1% teme que la automatización desplace puestos de trabajo. Estos datos sitúan a España en línea con una tendencia global de recelo hacia los riesgos de la IA, pese a su creciente integración en la vida laboral: el 25,6% de los trabajadores la usa diariamente, sobre todo para análisis (32,7%) o automatización de tareas (24,4%).
El estudio también desvela brechas claras: los hombres jóvenes (18-35 años) son los que más adoptan la IA (56% la usa cotidianamente), frente al 22% de los mayores de 66 años, donde casi la mitad (45%) nunca la emplea. En el ámbito profesional, no hay diferencias significativas entre géneros, pero sí generacionales: los menores de 45 años la incorporan con mayor frecuencia que los mayores de 46.
El contraste entre adopción y desconfianza refleja una paradoja: mientras la IA se consolida como herramienta clave —desde el entretenimiento hasta la productividad laboral—, los ciudadanos priorizan su regulación para evitar riesgos como la desinformación o la pérdida de empleos. El informe subraya que, aunque España avanza en uso, persisten dudas sobre su impacto en la sociedad y la economía.
Además, el mismo estudio señala que las aplicaciones menos frecuentes de la IA en la vida cotidiana son las relacionadas con la gestión del hogar o la búsqueda de compañía, ámbitos en los que la tecnología todavía no ha logrado hacerse un hueco en la rutina de los ciudadanos. Esta brecha entre usos de ocio y productividad frente a tareas domésticas subraya la necesidad de seguir investigando cómo la IA puede integrarse de manera segura y beneficiosa en todos los aspectos de la vida diaria.







