La líder de la formación ultraderechista, amonestada por el Parlament, podría ser tercera fuerza en Cataluña según el CEO, mientras Junts debate pactos con ella
La alcaldesa de Ripoll y líder de Alianza Catalana (AC), Sílvia Orrios, acumula dos reveses este verano que contrastan con el ascenso de su formación en las encuestas. El Parlament de Cataluña sancionó en julio a Orrios por una intervención en la que acusó a la diputada de ERC Najat Driouech de «normalizar la misoginia y el fundamentalismo islámico» al portar velo en la cámara. La Mesa del Parlament, presidida por Josep Rull (Junts), calificó sus palabras de «infracción leve» del Código de Conducta y anunció una amonestación pública para octubre, sin consecuencias económicas.
Paralelamente, la Oficina Antifraude de Cataluña investiga un posible conflicto de interés en la contratación de la hija de Orrios, Guinadell, como policía local en Ripoll. La alcaldesa defiende que el procedimiento fue «intachable», pero una denuncia de un activista de los comunes ha activado el proceso. Estos episodios erosionan su discurso regeneracionista, aunque no frenan el crecimiento de AC: el CEO (CIS catalán) la sitúa como tercera fuerza en el Parlament, mientras un estudio de El Periódico la coloca segunda, superando a Junts en ambos casos.
El avance de Alianza ha reabierto el debate en Junts sobre posibles pactos con la ultraderecha. Figuras como el expresidente Artur Mas o el empresario David Madí —exporta voz de Junts— han defendido acuerdos «cuando sea conveniente», rechazando cordones sanitarios. Madí argumentó en La Vanguardia que «puede haber acuerdos que funcionen y otros que no», mientras el jefe del Consell de la República en Bélgica, Jordi Domingo, preguntó en febrero: «¿Por qué no?». El rapero Valtònyc, cercano a Carles Puigdemont, fue más explícito en un artículo en Vilaweb: abogó por «sentarse» con AC para sumar fuerzas independentistas, incluso si sus votantes son «hijos de puta», y criticó la «fiesta de aniversario» que, a su juicio, ha sido el movimiento secesionista.
La tensión interna en Junts se agudiza con Puigdemont «difuminado» en Waterloo y las municipales cerca. Una facción del partido, liderada por Rull, se opone a cualquier acercamiento a AC, mientras otra —con apoyo en el ámbito municipal— presiona para explorar alianzas. El conflicto refleja la polarización en Cataluña: AC gana terreno con un discurso antiinmigración y antiestablishment, mientras Junts intenta redefinir su estrategia sin perder su base independentista.
Fuente: Vozpópuli






