El presidente acumula el mandato más largo solo superado por Felipe González, tras fracasar en su investidura de 2016 y ser apeado de Ferraz
Junts per Cataluña ha retirado su apoyo al Gobierno de Pedro Sánchez, un movimiento que desmonta el frágil equilibrio parlamentario que mantenía en pie su segunda legislatura. La decisión, anunciada ayer, deshace el pacto de investidura de 2023 —sellado a cambio de la ley de amnistía para líderes independentistas— y deja al Ejecutivo sin los 7 votos que le permitían gobernar con mayorías ajustadas.
El giro de Junts, liderado por Carles Puigdemont, llega en un momento de máxima debilidad para Sánchez. El presidente, que ya gobernaba con una coalición inestable desde 2023, dependía de los independentistas para aprobar leyes clave y evitar mociones de censura. La ruptura no solo bloquea iniciativas legislativas, sino que expone la ley de amnistía —aprobada en 2022— a posibles impugnaciones judiciales, al perder su respaldo parlamentario.
El contexto es crítico: Sánchez acumula cuatro años sin aprobar presupuestos y enfrenta una oposición unida (PP, Vox y parte de la izquierda) que ve en esta crisis la oportunidad de derribarlo. Hoy, sin embargo, el escenario es más complejo: ni Podemos ni Sumar —aliados en 2018— tienen fuerza para repetir el guión, y los nacionalistas vascos (PNV) ya mostraron su rechazo a repetir el papel de.
En 2016, el primer intento de Sánchez de formar Gobierno fracasó cuando la Cámara rechazó su propuesta con 219 votos en contra frente a 131 a favor, el primer intento fallido de investidura de la democracia. A pesar de este revés, el socialista se presentó de nuevo al reto con la ayuda de Ciudadanos, liderado entonces por Albert Rivera, y, aunque consciente de la insuficiencia de los apoyos, utilizó el fracaso como plataforma para atacar a Mariano Rajoy y a Podemos, consolidando así su posición como un político resiliente que transformó la derrota en una herramienta de negociación y de movilización interna dentro del PSOE.






