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El catalanismo que quiso transformar España desde dentro

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La Moncloa - Gobierno de España (Pool Moncloa)
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Un repaso histórico a Almirall, Prat de la Riba, Cambó, Pujol, Roca y Maragall muestra cómo se cerró la vía reformista catalana

El catalanismo político no siempre se definió por la ruptura con España. Durante buena parte de su historia aspiró a transformarla y, en sus versiones más ambiciosas, a ejercer un papel dirigente en su modernización. Así lo sostiene el historiador Enric Ucelay-Da Cal en un análisis publicado por El Periódico, donde repasa cómo esa vocación española fue una dimensión fundamental del catalanismo y no una anomalía dentro de él.

La premisa de partida era que una Cataluña industrial, dinámica y europeizada podía contribuir a modernizar un Estado que el propio catalanismo consideraba atrasado y excesivamente centralizado. Valentí Almirall vinculó la afirmación política de Cataluña con una reforma federal de España; Enric Prat de la Riba convirtió el catalanismo en un proyecto nacional y defendió reconstruir el Estado reconociendo la personalidad política de sus territorios; y Francesc Cambó llevó esa vocación a la política estatal y asumió responsabilidades de gobierno. No compartían proyecto, pero sí la idea de que Cataluña podía afirmarse como nación y tener a la vez un proyecto para España.

La relación cambió con la recuperación del autogobierno. Josep Tarradellas tuvo un papel decisivo en la restauración de la Generalitat en 1977 y en su integración en el marco democrático. Después, con Jordi Pujol, la prioridad pasó a ser construir una Cataluña políticamente fuerte mediante el ejercicio del autogobierno, y la política española quedó sobre todo como herramienta de influencia y negociación. Convergència i Unió usó su representación en las Cortes para condicionar gobiernos y cerrar acuerdos sobre competencias, financiación e inversiones. España seguía siendo fundamental, pero aparecía menos como un proyecto a reformar y más como un Estado con el que negociar.

Hubo intentos de mantener abierta la vía transformadora. Miquel Roca Junyent, desde Convergència Democràtica de Catalunya, participó en la elaboración de la Constitución de 1978 y trató después de construir una alternativa liberal y reformista de ámbito estatal mediante el Partido Reformista Democrático. Pasqual Maragall planteó reformar España desde una concepción federal que reconociera mejor su pluralidad territorial. El fracaso electoral del proyecto de Roca en 1986 y las dificultades de la reforma estatutaria impulsada por Maragall, culminadas por la sentencia del Tribunal Constitucional de 2010, debilitaron esas alternativas.

El procés supuso en buena medida la ruptura de una parte del catalanismo con aquella tradición. Muchos de sus dirigentes se habían formado en el autonomismo y el nacionalismo catalán, pero acabaron concluyendo que transformar España había dejado de ser una posibilidad política real y que la independencia era preferible. El horizonte dejó de ser cambiar el Estado para pasar a ser construir uno propio. Según el análisis, ese vacío es el espacio donde debe situarse la aparición de Ciudadanos, un proyecto surgido de la oposición al nacionalismo catalán que, desde una posición ideológica muy distinta, recuperó la aspiración de intervenir desde Cataluña en la política española.

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